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Finalista
al Premio Moriarty 2003
A finales de 1984, en tan solo dos años y unos meses, ya había asesinado a 42 mujeres. Los primeros cadáveres aparecieron en el Río Verde y el resto en diversos puntos cercanos a la autopista 99. Solía abandonar los cuerpos, desnudos y mutilados, desperdigados por el oeste de Washington. Dejaba una señal para recordar los lugares donde iba amontonando los cadáveres y después hacía recorridos en coche por todas las zonas donde estaban sus montoncitos de cuerpos, para regocijarse en el recuerdo de sus crímenes. La mayoría de sus víctimas, prostitutas, chicas que se habían escapado de casa y drogadictas, fueron vistas por última vez en la zona de bares de la autopista 99 cercana al aeropuerto internacional de Seattle- Tacoma. Su arresto, en noviembre de 2001, supuso el fin de la investigación criminal más larga de Estados Unidos. Los investigadores descubrieron que el ADN del esperma encontrado en tres de sus primeras víctimas coincidía con él de una muestra de saliva que le habían tomado en 1987.
En 1984 pasó la prueba del polígrafo y en 1986 se negó a someterse a una segunda prueba. Ese mismo año declaró al FBI que llevaba 18 meses sin mantener relaciones con prostitutas porque le habían contagiado enfermedades venéreas al menos en quince ocasiones. Este punto podría ser cierto, ya que en la Marina le diagnosticaron gonorrea y una de sus novias le dejó por contagiarle un herpes genital. En diciembre de 2003 fue condenado a cadena perpetua y a pagar una multa de 480.000 dólares USA. Consiguió librarse de la pena de muerte al ofrecerse a desvelar dónde estaban los cadáveres que todavía no habían aparecido. Ridgway versus Bundy A pesar de su fructífera carrera criminal, Gary Ridgway no despierta muchas pasiones entre los seguidores de los asesinos en serie. (En Estados Unidos tienen club de fans y se ha llegado a comercializar una colección de cromos con los más famosos). Esa búsqueda de la presa fácil y su monotonía delictiva es lo que, probablemente, le ha restado popularidad. De hecho, uno de los datos más interesantes de la biografía de Ridgway es su relación con Ted Bundy, uno de los asesinos en serie que sí tienen club de fans. Bundy colaboró con los investigadores del caso en 1985, mientras estaba encarcelado. Al estilo de El Silencio de los Corderos, pero unos cuantos años antes. A raíz de esta colaboración se publicó el libro: «El hombre del río: Ted Bundy y yo a la caza del Asesino del Río Verde» en 1995. Algunos creen que Bundy ofreció su asistencia por celos: él 'sólo' se había cargado a 23 mujeres y el asesino del río mató casi al doble en tan solo dos años.
Aunque menos prolífico,
Ted Bundy sigue teniendo muchos más seguidores. Era un tipo educado y
seductor, que se fugó dos veces de la cárcel y que ingresó en la facultad
de Derecho, gracias a una recomendación firmada por el Gobernador de Washington.
Mientras que Gary Ridgway es un pintor de camiones, no muy agraciado,
que fue expulsado de la Marina. |
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www.adeguello.net
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revista
de crítica de crímenes
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especial
2003
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número
1-enero 2004
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próximo
número 1 de marzo 2004
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©
E.Cordeiro. 2003
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