Roban los ahorros de argentinos en el exterior

Esther.
Unos clásicos, los delincuentes argentinos, se vuelven a llevar el premio al criminal del mes, aunque esta vez actúen al mando de un chileno. Se lo llevan porque todo estaba perfectamente organizado y calculado y porque, al fin y al cabo, muchos de los que tienen sus ahorros en cuentas extranjeras lo hacen para defraudar a la Hacienda Pública. Correspondencia interceptada, escuchas telefónicas, líneas desviadas, suplantadores políglotas,... no se les escapó ni un detalle.
Intervenían los teléfonos
La banda empezaba recabando información de cuentas bancarias de argentinos en otros países. A continuación, empleados de distintas empresas telefónicas intervenían la línea de las víctimas seleccionadas y escuchaban sus conversaciones hasta que realizaban alguna transferencia bancaria por teléfono. Después, derivaban la línea telefónica de la víctima a un móvil a través de los cajetines telefónicos de la calle. Entonces, realizaban transferencias bancarias haciéndose pasar por el titular de la cuenta. Al banco le constaba que la llamada se había efectuado desde el teléfono del titular de la cuenta por lo que no sospechaba de la operación. Además, cuando a continuación llamaban al cliente para confirmar la transferencia, contestaban la llamada los estafadores que remitían por fax, en el que constaban el número de teléfono de la víctima, una fotocopia del pasaporte o el DNI y su firma.
Después, el dinero se transfería por diversas cuentas hasta que la banda lo hacía efectivo. Se sospecha que con este sistema estafaron más de dos millones de dólares USA a cuarenta empresarios y famosos argentinos en los últimos cinco años.
Entre los miembros de la banda se cree que hay policías que facilitaban las copias de los pasaportes y la firma. También sospechan que pueden estar implicados empleados del servicio de Correos que se ocuparían de interceptar las cartas de entidades bancarias extranjeras para seleccionar a sus víctimas. Al parecer, los encargados de realizar las llamadas eran un marino mercante jubilado que habla varios idiomas y su hija, una analista de sistemas que habla inglés y francés.
La mayoría de los supuestos integrantes de la banda fueron detenidos en diciembre de 2006 junto con uno de los jefes: el argentino Marcelo Pizzini, de 41 años. El otro supuesto líder de la banda, Luis Miguel Casado Córdova, un chileno de 50, fue detenido en julio en Santiago de Chile. Al parecer, Casado Córdova se refugió en Argentina en 1998, tras haber sido acusado de una estafa a una entidad financiera de Chile que le reportó unos 600.000 dólares. Casado Córdova era dueño de un centro comercial.



 



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