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/ revista
bimensual de crítica de crímenes / número 3- mayo
2004

Moriarty
2003
¿Hay
alguien detrás de Dutroux?
No hay nada claro en el juicio que tiene en vilo a Bélgica
Juanma.
El monstruo Marc Dutroux, el hombre más odiado de Bélgica,
especializado en el secuestro y tortura de niñas y adolescentes,
no tiene categoría mental para aspirar al Premio Moriarty, pero
si es cierto lo que dice, que obedecía órdenes de un círculo
de hombres poderosos, éstos, que aún permanecen en la sombra,
sí que podrían ser candidatos al premio.
El caso podría
ser similar al de las muchachas de Ciudad Juárez, aunque a modesta
escala europea. Los hipotéticos sádicos belgas, carentes
del apoyo paraoficial y mafioso con que cuentan los americanos, no dispondrían
de un suministro tan masivo de víctimas y dependerían para
aprovisionarse de gente como Dutroux, que ahora comparece a juicio acusado
de secuestro, violación y tortura de seis menores y del asesinato
de cuatro de ellas, que murieron en cautiverio. Dos fueron ejecutadas
por sus intentos de fugas (eran las mayores); otras dos, ambas de ocho
años, murieron de hambre y sed mientras Dutroux estaba preso por
un ajuste de cuentas. Su mujer no se atrevió a llevarles alimentos
y las dejó morir.
Precisamente sobre
su mujer, Michelle Martin, ha cargado Dutroux la mayor parte de la culpa.
Y también sobre otro de los acusados, Michel Nihoul, hombre de
turbios negocios y traficante de droga, que asegura que fue quien le encargó
los secuestros. Según esto, Nihoul sería el contacto con
una red sádicopederasta secreta, de la que Dutroux siempre habla,
pero sin dar más explicaciones.
Nihoul, como era de
esperar, lo niega todo. Sólo admite haber abastecido de droga a
Dutroux y a su amigo Michel Lelièvre, el cuarto acusado en este
proceso infernal.
Por su parte, Michelle
Martin, la ya ex esposa, asegura ser una mujer maltratada y atemorizada,
que compartía a Dutroux con otras amantes y no se atrevía
a desobedecerle. "Entrar en el mundo de Marc Dutroux es como entrar
en una secta", ha dicho. Reconoce haber dejado morir de hambre a
las dos niñas de ocho años, pero antes del juicio negaba
haber visto a ninguna de las víctimas, a pesar de que su marido
la mantenía informada de sus fechorías. Ahora, en cambio,
admite que le ayudó a filmar algunas de sus violaciones.
El cuarto acusado,
Michel Lelièvre, culpa de todo a la heroína y el éxtasis,
que le nublaban la mente y le obligaban a secuestrar niñas para
una red mafiosa a cambio de dinero o de drogas.
Hasta ahora, lo más
sensacional del juicio ha sido la declaración de Sabine Dardenne,
una de las dos supervivientes de los secuestros, que tenía 12 años
cuando cayó en poder de Dutroux y pasó 80 días desnuda
y encadenada, sufriendo violaciones desde el primer día. Asegura
que Dutroux le dijo que en realidad le estaba salvando la vida, porque
"su jefe" quería matarla. Además, le hizo creer
que sus padres no querían pagar el supuesto rescate pedido por
ella. Ella escribía cartas a su familia, que la policía
encontró después debajo de una alfombra. Cuando Sabine le
pidió una amiga para tener compañía, Dutroux secuestró
a Laetitia Delhez, de 14 años, a la que sometió al mismo
tratamiento. Ambas fueron rescatadas por la policía seis días
después, gracias a que un amigo de Laetitia logró tomar
el número de la matrícula de Dutroux casi completo.
Dutroux se levantó del banquillo para decir que lamentaba el daño
causado. "Váyase al infierno", le replicó Sabine.
Desde su comienzo,
el caso ha estado rodeado de escándalos por la deficiente actuación
policial y judicial. Numerosas pruebas han desaparecido. No falta quien
afirma que Dutroux contó con protección. En 1998 logró
fugarse durante unas horas y su fuga ocasionó la dimisión
del jefe de policía y los ministros de Interior y Justicia. Ahora
es uno de los presos más vigilados de Europa, y en su celda se
enciende la luz cada siete minutos y medio para comprobar que sigue ahí
y que está vivo.
Dutroux, que ahora
tiene 47 años y siempre vivió de la delincuencia, inició
su carrera de violador en 1983 y fue condenado a 13 años de cárcel
por cinco secuestros y violaciones. Salió de prisión en
1992 y en el 95 emprendió una nueva serie de crímenes, que
ahora asegura que fueron encargados. Por la misma época mató
a uno de sus cómplices, Bernard Weinstein. Un dato podría
apoyar su historia: siempre ha manejado grandes sumas de dinero y cuando
fue detenido en 1996 tenía veinte cuentas bancarias. No parece
que el secuestro y tortura de menores por cuenta propia dé tantos
beneficios.
Cadena
perpetua para Dutroux
(adegüello, julio 2004)
 
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