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bimensual de crítica de crímenes / número 7- enero
2005

Nuevas
tendencias
Delincuentes
españoles solicitan la castración química
Esther.
El abogado de Ismael Velázquez, el Asesino de Daimiel, solicitó
la castración química para su cliente, durante el juicio
que se celebró en la Audiencia Provincial de Ciudad Real (España)
en noviembre. Ismael fue declarado culpable de un delito de asesinato
con una agravante de ensañamiento por degollar en agosto de 2002
a Consuelo Pozuelo, una joven de 26 años que era compañera
de trabajo de su esposa.
La mujer del reo debía pensar que su boda había sido el
acontecimiento más feliz en la vida de su marido porque éste
se pasaba horas y horas mirando el vídeo de la celebración.
Pero en realidad, al marido no le interesaba ni el vestido de la novia
ni la tarta ni los parientes borrachos, ya que lo único que buscaba
en la grabación eran las imágenes de la compañera
de trabajo de su esposa. Ismael reconoció en la Audiencia que se
masturbaba casi todos los días viendo las imágenes de Consuelo
en la cinta.
El acusado confesó haber matado a la joven. Explicó que
fue a su casa, le propuso mantener relaciones sexuales y que, como la
chica se negó, le cortó la yugular con un cuchillo de cocina
para que no se lo pudiera contar a su mujer.
La defensa alegó trastorno mental transitorio provocado por una
desviación sexual del reo que, según parece, tiene un apetito
sexual fuera de control. La Sección Primera de la Audiencia le
ha condenado a veinte años de cárcel y a pagar 108.000 euros
al marido de la víctima y 19.000 a los padres.
El abogado de Ismael no ha sido el único de la temporada en solicitar
la castración de su cliente. Él de S.P.B., un hombre de
43 años acusado de catorce agresiones sexuales, también
ha anunciado en noviembre que su cliente solicitará la castración
química en la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca. El fiscal
no se ha opuesto a la petición, pero mantiene que el tratamiento
deberá ser en todo caso costeado por el reo. El ministerio público
solicita una pena de 103 años de cárcel para el acusado
por un delito de abuso sexual, nueve agresiones sexuales y cuatro violaciones
de niñas, cometidas entre 2000 y 2003.
S.P.B. había sido condenado en 1987 a 68 años de cárcel
por veinte agresiones sexuales similares y, al parecer, en esa ocasión
también había solicitado la misma medida.
La castración de violadores, una moda mundial
Francia ha puesto en marcha en noviembre de 2004 un programa piloto de
castración química de violadores y pederastas encarcelados.
A partir de enero, 48 delincuentes reincidentes se someterán durante
dos años a un tratamiento que inhibe las hormonas sexuales masculinas.
La medida está encaminada a desmasificar las cárceles, ya
que el 22 por ciento de los reclusos franceses están condenados
por delitos sexuales y el 75 por ciento de éstos son pederastas.
Pero los pioneros en
la materia son los estadounidenses. En septiembre de 1996 California se
convirtió en el primer estado norteamericano en aprobar la castración
química como requisito obligatorio para que algunos reos pederastas
pudieran tener acceso a la libertad condicional. La castración
es opcional para los pederastas primerizos y obligatoria para los reincidentes.
En ambos casos, los condenados pueden escoger entre la castración
permanente (extirpación quirúrgica de los testículos)
y la temporal (inyecciones semanales de Depo- Provera).
Un año después,
en 1997, Florida aprobó su ley de castración de delincuentes
sexuales reincidentes que quieren acceder a la libertad condicional. Esta
ley autoriza a los jueces a condenar a un acusado de delitos sexuales
a castración química, que será obligatoria en el
caso de los delincuentes sexuales reincidentes (siempre y cuando un informe
médico aconseje el tratamiento). El juez determinará la
duración del mismo, que puede ser de por vida. Si el condenado
deja de recibir el tratamiento, sin autorización judicial, no sólo
habrá violado su libertad condicional, sino que habrá cometido
también un nuevo delito.
Por su parte, la Asociación Americana de Libertades Civiles consideró
que esta ley era anticonstitucional porque el tratamiento hace que los
reos se conviertan en virtualmente impotentes, lo que les privaría
del derecho fundamental a procrear. Por otro lado, sostienen que esta
ley viola el principio que prohibe juzgar dos veces a un acusado por la
misma ofensa.
Anticonceptivos
femeninos
La Depo- Provera
es el anticonceptivo femenino que se suele emplear para la castración
química de los varones. En el hombre, reduce las concentraciones
de testosterona, por lo que disminuye el deseo sexual, dificulta la erección
y la eyaculación, y reduce la frecuencia de pensamientos eróticos.
Los efectos secundarios en los varones incluyen: impotencia, producción
escasa y anormal de esperma, insomnio, pesadillas, dificultad para respirar,
caída del cabello, nauseas, calambres, tromboembolismo, aumento
de apetito y de peso, fatiga, depresión mental, hipertensión,
hiperglucemia, cambios en las enzimas hepáticas, diverticulitis,
migrañas, hipogonadismo e hipertensión arterial.
Testosterona
y agresividad
La aplicación
de la castración química se basa en la idea de que el aumento
de los niveles de testosterona aumenta la agresividad. En 1972, Kreuz
y Rose realizaron un estudio con 21 jóvenes delincuentes encarcelados
y llegaron a la conclusión de que lo que diferenciaba a los diez
que habían cometido en su adolescencia delitos más graves
y violentos era que tenían niveles superiores de testosterona en
plasma. No obstante, aunque los otros once tuvieran unos niveles inferiores,
también habían delinquido.
Por otro lado, los doctores Raboch, Cerna y Zmek del departamento de psiquiatría
de la Universidad Charles de Praga publicaron en 1987 un estudio sobre
"Los andrógenos y la agresividad sexual", en el que describían
los casos de dos hombres con niveles bajos de testosterona en plasma (uno
castrado y el otro con el síndrome de Klinefelter -que tiene más
de un cromosoma X-) que habían cometido delitos sexuales.
En realidad, hay pocos violadores dominados exclusivamente por su nivel
hormonal. De hecho, muchos delincuentes sexuales son impotentes. Salvo
los violadores ocasionales, la mayoría tienen deficiencias sexuales.
Lo que menos abundan son los supermachos, como el Estrangulador
de Boston que mantenía una media de seis relaciones sexuales al
día con su esposa (ella se hartó de sus requerimientos porque
no le quedaba tiempo libre para nada más, y el marido empezó
a asaltar a todas las mujeres que se cruzaban en su camino, llegando a
confesar 2000 agresiones sexuales).
En cualquier caso, la castración química no es efectiva
con todos los delincuentes. Lo principal es que el reo reconozca que su
conducta está mal, fuera de su control y que no quiera reincidir.
Los que quieren seguir delinquiendo siempre pueden tomar testosterona
sintética de forma clandestina.
Frutas extrañas
crecen en Perú
Esther.
"Los árboles del sur dan una fruta extraña,
sangre en las hojas y sangre en las raíces, cuerpos negros balanceándose
con la brisa sureña, frutas extrañas colgadas de los álamos".
Abel Meeropol escribió "Strange Fruit" en 1939 después
de ver fotos de los cadáveres de Thomas Shipp y Abram Smith, linchados
en Indiana.
Cerca de cuatro mil personas habían sido linchadas en Estados Unidos
entre 1889 y 1930. La mayoría de las víctimas eran negros
que fallecieron tras ser arrastrados, quemados, torturados o mutilados.
La mayoría de los verdugos eran blancos, y sólo cuatro fueron
condenados durante estos años. Las cifras proceden de un informe
elaborado por el sociólogo Arthur Franklin Raper, a petición
de la administración. La creación del Ku Klux Klan en 1866
contribuyó con la matanza de negros.
Ahora los peruanos se han convertido en discípulos aventajados
de los justicieros norteamericanos y durante los diez primeros meses de
2004 han intentado linchar a 1975 personas, de las cuales 693 han resultado
con lesiones severas, según un informe gubernamental recogido en
el diario La República. Peor suerte han corrido otros 18 ciudadanos
que fallecieron en el linchamiento. La suya es una matanza de presuntos
delincuentes a los que sólo hace falta que un vecino les acuse
con el dedo.
"Prohibido entrar a rateros, bajo pena de masacres"
Y la cuenta continúa. En noviembre la policía rescató
a Alberto Vargas de un grupo de ochenta justicieros populares que intentaban
quemarle vivo en San Martín de Porres, uno de los barrios limeños
con más linchamientos. Al parecer, le ataron a un poste, donde
le golpearon y apedrearon hasta que confesó. "Prohibido entrar
a rateros, bajo pena de masacres", reza un cartel situado en una
de las calles del barrio. Éste fue el décimo intento de
linchamiento del distrito en 2004. Días antes, unos vecinos mataron
a otro hombre acusado de intentar robar en una casa. Su acompañante
ingresó en el hospital, con cuatro puñaladas en el abdomen
y tras ser atropellado por un coche.
También en noviembre, la policía rescató a dos supuestos
ladrones de electrodomésticos cuando estaban a punto de arder.
Confesaron a base de golpes, insultos y escupitajos, y después
de que les desnudaran y les cortaran el pelo.
Así que, ahora la policía de este distrito limeño
tiene doble trabajo: detener a los delincuentes y contener a las masas
enardecidas.
En diciembre, un ex policía que trabajaba como vigilante de seguridad
de una sala de juegos asesinó supuestamente a tiros a un cliente
por llamarle "Mario Bross". Después dijo que el fallecido
intentó atracar y que él consiguió arrebatarle la
pistola, pero había demasiados testigos. Cuatro centenares de vecinos
de San Martín de Porres se reunieron en el local para evitar que
la policía se llevara al vigilante, y algunos intentaron lincharle.
Ante la oposición de los agentes, destrozaron el mobiliario. La
policía hizo algunos disparos al aire y lanzó bombas lacrimógenas
para disolver la concentración.
Por otro lado, justicieros de Felipe de las Casas, en el distrito de Ventanilla
(Lima), han llegado todavía más lejos y han creado sus propias
cárceles. Son unos habitáculos de hierro en los que, según
ellos, sólo encierran a los delincuentes durante unas horas para
después entregarlos a la policía.
Con estas cifras parece
que el país se puede convertir en un destino turístico ideal
para sádicos, donde pueden lapidar, azotar, escupir y plantar fuego
a personas impunemente.
Según un estudio de opinión realizado por la consultora
Apoyo entre 600 habitantes de Lima, el 61 por ciento de los encuestados
cree que la población tiene derecho a hacer justicia por su cuenta,
pero sin llegar a matar.
El 83 por ciento considera que la violación de menores es el delito
que más justifica un linchamiento, el 52 por ciento menciona los
hurtos, el 33 por ciento la corrupción, el 26 por ciento el terrorismo,
el 25 por ciento la violación de mayores y el 24 por ciento el
tráfico de drogas.
En Lima se registra un asalto cada cinco minutos, un robo domiciliario
cada hora y veinte robos de coches al día. Los linchadores se justifican
alegando que la policia no es eficiente, y las autoridades dicen que necesitan
más agentes porque desde los años noventa se ha reducido
el número de efectivos de 122.000 a unos 91.000.
Detrás de los
linchamientos suele estar la desconfianza de la población en la
efectividad del sistema judicial. La idea de benevolencia estatal con
los delincuentes unida al habitual deseo de venganza de las víctimas.
La popular frase de "los delincuentes entran por una puerta en el
juzgado y salen por otra" es una excusa típica de justicieros
porque aunque existan múltiples factores que determinan el aumento
o la disminución de las tasas de criminalidad, las víctimas
suelen centrarse en el endurecimiento de las penas.
Inocentes
ajusticiados
Lo peor de este método de impartir justicia es que muchas veces
los linchados son inocentes. En el barrio peruano de Villa María
del Triunfo casi queman vivos en diciembre a dos hermanos policías
y a sus primos, creyendo que eran ladrones. La historia parece sacada
de una pesadilla. Al parecer a uno de los policías le habían
robado el coche días atrás y pidió ayuda a sus familiares
para rastrear el barrio.
Algunos vecinos consideraron que su comportamiento era sospechoso y dieron
la voz de alarma. Ellos explicaron que eran policías buscando a
ladrones de coches, pero nadie les creyó. Enseñaron las
placas, pero alguien gritó que eran falsas, y el hecho de que fueran
armados les convertía en delincuentes peligrosos.
Los vecinos los ataron, les flagelaron y cuando estaban intercambiando
opiniones los partidarios de su incineración y el sector anti pena
de muerte, fueron rescatados por compañeros del cuerpo.
Pero el caso más escandaloso de la temporada de policías
ajusticiados por la masa se produjo en México. En noviembre tres
policías estaban fotografiando un colegio en San Juan de Ixtayopan
(Tháhuac) por un asunto policial, cuando fueron atacados por dos
centenares de vecinos que creían que se estaban enfrentando a unos
secuestradores de niñas. Dos de ellos fallecieron a consecuencia
de los golpes y el tercero sufrió graves lesiones. Días
después detuvieron a 29 personas acusadas del crimen.
Auge internacional
de linchamientos
Aunque parece que Perú se está convirtiendo en el paraíso
de los justicieros, sólo en noviembre se han registrado numerosos
sucesos similares en otros países.
En Málaga (España) una veintena de vecinos lincharon a Francisco
G.E., un toxicómano de 30 años que, al parecer, intentó
atracar a una mujer con un cuchillo de cocina e hirió a un hombre
que intentó defenderla. Francisco estaba casi desnudo y drogado.
Los vecinos lo apalearon y le quitaron la poca ropa que llevaba. La policía
se lo llevó al hospital, donde falleció con posterioridad.
La policía que ha sido más diligente con los linchamientos
de la temporada es la venezolana. Consiguieron rescatar con vida a Dionisio
José Rivera, alias "Mal de Rabia". Dionisio había
intentado atracar a un viandante en Urdaneta, a punta de pistola, y un
grupo de vecinos le dieron una paliza y le dispararon en una pierna.
En Argentina parece que la cosa está más organizada. El
tribunal de San Isidro ordenó investigar la existencia de escuadrones
de la muerte que eliminan a delincuentes juveniles reincidentes. Se cree
que estos grupos justicieros están formados por policías,
ex policías y civiles que, en algunos casos, ofrecerían
servicios de seguridad privada. Los padres de jóvenes delincuentes
intentan ingresar a sus hijos en algún centro porque reciben amenazas
de muerte.
Última
novedad: rescate sin secuestro
Juanma.
Los peruanos Ramón Fernández (47 años) y Jorge Clever
Arias (42 años) eran compadres: Jorge, un próspero empresario
arrocero, era el padrino del hijo de Ramón. Ramón, que no
prosperaba tanto, quiso sacarle dinero a Jorge e ideó un plan que
destaca por su desfachatez: pedirle dinero a cambio de no ser secuestrado.
Y así, Ramón llamó a su compadre para decirle que
había descubierto que una superbanda de delincuentes iba a por
él (a por Jorge, el compadre arrocero). "Compadrito, ha llegado
una organización de 20 delincuentes del norte con armas de fuego
para plagiar empresarios, y usted figura como una de las víctimas".
Pero no todo estaba perdido: él, Ramón, había logrado
contactar con la superbanda y había convencido a los forajidos
de que no secuestraran a Jorge. Un favor que el compadre le debía.
Sólo había un problemilla: la banda exigía que se
le abonara el dinero invertido en la organización del secuestro
y el seguimiento de la víctima.
Para solucionar este problema, Jorge debía viajar a Lima, donde
vivía Ramón, y éste le pondría en contacto
con los secuestradores para que pudiera abonar los gastos del plan. Dos
delincuentes cómplices de Ramón, apodados "Chino Coco"
y "Krilin", se hicieron pasar por miembros de la banda. Tras
despojar a Jorge de su reloj de oro y 800 soles que llevaba en la cartera,
le exigieron dos mil dólares más por gastos de seguimiento.
El arrocero Jorge no era tonto. Le pareció sumamente raro que una
banda acceda a no secuestrarte pero te cobre los gastos, de modo que denunció
los hechos a la policía en noviembre. Los agentes acudieron al
lugar donde debía efectuarse el pago y detuvieron a Chino Coco
y Krilin, los dos cómplices que habían ido a cobrar. El
compadre Ramón anda huido y suponemos que fraguando nuevos y brillantes
planes.
Chino
inventa un método de recaudación de fondos
Esther. El
chino Gu Qing se ha inventado un sistema muy original para conseguir dinero
con el que financiar la creación de una empresa. Lo malo del método
es que si no hay ganancias y no se recupera la inversión, se convierte
en un fraude (al menos en China).
Gu Qing alquiló 48 coches, valorados en 570.000 euros, desde abril
de 2000 hasta marzo de 2002. Los vehículos los utilizó como
garantías de préstamos que solicitó a cuarenta personas
por un total de 385.000 euros. Se gastaba parte del dinero en pagar los
alquileres de los coches e invirtió 176.000 en una compañía
publicitaria y en apostar a partidos de fútbol. Seguramente lo
de la ludopatía fue lo que le perdió y en un momento dado
dejó de pagar parte de los alquileres, por lo que algunas compañías
le denunciaron.
La policía todavía no ha recuperado doce de los vehículos
y Gu Qing ha sido condenado a quince años de cárcel y a
pagar una multa de 13.000 euros.
Las
ciencias adelantan: supercoca transgénica
Juanma.
Los grandes narcotraficantes colombianos han entrado en el mundo de la
ingeniería genética, contratando científicos internacionales
para crear un producto con un futuro esplendoroso: el árbol de
la coca.
La nueva planta genéticamente modificada alcanza una altura de
2,75 metros (el doble que el arbusto normal), es más frondosa y
contiene ocho veces más alcaloide que una planta corriente. Negocio
seguro. Además, debido a su tamaño y robustez, es más
resistente a los herbicidas que se utilizan para combatir el cultivo.
Y es que la ciencia no se detiene.
 
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