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/ revista
bimensual de crítica de crímenes / número 10- julio
2005

Estafas,
timos y falsificaciones
Aparcamientos
gratuitos de pago
Esther.
Dicen que Estados
Unidos es la tierra de las oportunidades, pero no todas las iniciativas
empresariales están bien vistas. Un mendigo norteamericano ideó
un sistema muy efectivo para salir de la pobreza y le iba muy bien, hasta
que surgieron problemas cuando empezó a publicitar su negocio.
Bruce Lee Thompson, de 57 años, se dedicó a cobrar cinco
dólares USA a los conductores que dejaban sus vehículos
en una zona de aparcamiento público y gratuito de Destin (Florida).
La zona en cuestión está al lado de un centro comercial
y un fin de semana festivo decidió mejorar el negocio con un cartel
que decía: "Parking festivo". El dueño de una
de las tiendas avisó a la policía, y un agente le obligó
a cerrar el negocio. Pero, al parecer, una hora más tarde, Bruce
Lee retomó su actividad comercial y acabó en comisaria.
En mayo, le han impuesto una fianza de 2000 dólares y le pueden
caer hasta cinco años de cárcel.
En España esta modalidad de estafa está muy extendida sobre
todo en las zonas turísticas del sur, pero el sistema es un poco
diferente. Lo importante aquí es parecer yonqui. Después
hay que indicar al conductor donde hay un sitio libre para aparcar y ponerse
delante de su puerta para cobrar. Casi todo el mundo paga porque existe
la creencia popular de que a los yonquis les encanta pinchar ruedas y
rayar los coches de los que no pagan el impuesto revolucionario del aparcamiento.
El negocio es ideal: libertad de horario, aire puro y grandes beneficios.
La zona que rodea al hospital Clínico de Madrid, por ejemplo, (una
de las pocas áreas del centro de la ciudad en las que se puede
aparcar sin pagar al Ayuntamiento) está copada por unos cinco empresarios
de la materia. Un grupo de trabajadores del hospital y amigos dedicaron
10 minutos de una mañana a contabilizar las ganancias de uno de
los aparcadores. La cuenta salió a un euro por minuto y el empresario
audaz ni siquiera se molestó en vandalizar ninguno de los coches
de los pocos valientes que osaron no pagar. Lo único malo del negocio
es que para entrar en un territorio copado seguramente hay que matar al
predecesor o morir en el intento.
Falsificación
de cartuchos de impresora
Esther.
Por fin nos explicamos por qué nos llegan tantos e-mails de venta
de cartuchos de impresora baratísimos. La policía federal
argentina ha desarticulado una banda que se dedicaba supuestamente a falsificar
cartuchos de Hewlett Packard que vendían en Europa y Estados Unidos.
La banda era una auténtica multinacional, cuyo proceso de producción
culminaba en Colombia y Bolivia con el etiquetado y la impresión
de la supuesta garantía. Se calcula que los beneficios ascienden
a seis millones de dólares USA.
 
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