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/ revista
bimensual de crítica de crímenes / número 8- marzo 2005

Estafas,
timos y falsificaciones
Los
gángsters se pasan al cybercrimen
Esther. Ya
no habrá tipos duros con cicatrices, narices rotas y trajes de
rayas en las pelis de mafiosos del futuro. Para adaptarse a los nuevos
tiempos los capos del séptimo arte tendrán que ser esmirriados
con gafas, enganchados a las nuevas tecnologías.
Seis miembros del clan Gambino de Nueva York se han declarado culpables,
en febrero, de defraudar 650 millones de dólares USA a consumidores
de Estados Unidos, Asia y Europa, a través de páginas web
pornográficas y líneas telefónicas de tarificación
extra cara, entre 1996 y 2002. Se trata del mayor fraude a los consumidores
de la historia de Estados Unidos.
Al jefe del grupo, Richard Martino, de 45 años, le pueden condenar
a una pena de 10 años de cárcel, mientras que al capo Salvatore
LoCascio, de 45 años, le pueden caer 9 años de prisión
como supervisor de la operación. Martino era un protegido de John
Gotti, fallecido en 2002, y Salvatore es hijo de Frank LoCascio, capo
y asesor de La Familia condenado a cadena perpetua.
La fiscalía de Nueva York formuló la acusación en
febrero de 2004 por conspiración mafiosa, conspiración para
cometer fraude en las comunicaciones y blanqueo de dinero. Se trataba
de una ampliación de los cargos formulados en 2003 contra Richard
Martino y Norman Chanes por defraudar 230 millones de dólares USA
a miles de internautas.
Estos gángsters
modernos se ajustan más que nunca a la famosa cita de Al Capone:
"Soy un simple empresario que ha tenido éxito". Muchas
de las tácticas empleadas por los mafiosos para estafar a los consumidores
las usan las empresas legales con el mismo fin, aunque nunca les imputen
judicialmente.
Lo único que aparentemente diferencia a los chicos del clan Gambino
de los empresarios audaces es que entregaban parte de sus ganancias a
La Familia.
El
Fraude telefónico del clan Gambino
Incluyeron en las facturas de millones de consumidores servicios que no
habían solicitado, ni autorizado.
Primero, anunciaron en medios de comunicación números de
teléfono gratuitos con los que se podía acceder a muestras
de líneas eróticas, echadores de cartas, adivinos varios,
citas con gente estupenda,... Estos teléfonos sí eran gratuitos,
pero a partir del momento en que un consumidor los marcaba, le empezaba
a llegar a su cuenta un cargo por un servicio que no había autorizado.
Los cargos extra en las facturas iban a nombre de USP&C, una de las
múltiples compañías de los mafiosos, y eran un tanto
equívocos. Cuando había muchas quejas por parte de los consumidores,
los acusados utilizaban el nombre de otra de sus compañías
para seguir cargando el dinero extra en sus facturas.
Llegó un momento en el que tenían tantas reclamaciones que
crearon su propio centro telefónico de atención al cliente,
para intentar evitar que las quejas llegaran a las autoridades. Los teleoperadores
intentaban convencer a las víctimas de que ellos mismos habían
autorizado los cargos extra en sus líneas. Si esto no funcionaba,
les ofrecían la devolución de parte de los cargos fraudulentos
y como solución final a los clientes más insistentes, les
devolvían el total. Para potenciar su poder de convicción
tenían dos tipos de teléfonos gratuitos, los legales (en
los que en un momento dado se pedía la autorización del
interlocutor para cobrarle por un servicio extra en su factura mensual)
y los que anunciaban en la prensa (que no pedían ninguna autorización).
A los que se quejaban les daban a veces alguno de los números legales
para intentar hacerles creer que cuando llamaron, autorizaron, sin darse
cuenta, la inclusión de ese cargo extra en su factura.
De todas formas, había tantas quejas, que en un momento dado, algunas
compañías telefónicas retiraron a USP&C la autorización
para incluir cargos extra en sus facturas. A partir de ese momento, los
mafiosos se dedicaron a mandar sus propias facturas a los consumidores,
similares a las de las compañías telefónicas y con
nombres engañosos, que parecían ser de una división
o de un sector de la empresa con la que la víctima tenía
contratada la línea telefónica. En ellas, además,
amenazaban con cortar la línea en caso de impago.
Sexo
gratis en internet
Los mafiosos crearon una red de páginas web pornográficas
en las que quedaba atrapado el internauta. Había un punto en el
que las anunciadas como páginas gratuitas solicitaban un número
de tarjeta de crédito, como prueba de que el usuario era mayor
de edad para acceder a contenidos para adultos. La única forma
que tenían para salir de esta página era facilitando esos
datos porque, en este punto, desactivaban el botón de volver atrás
del navegador.
En 1999 la compañía con la que llevaban a cabo este fraude
era la tercera de Estados Unidos que más devoluciones tenía
de VISA. Los mafiosos crearon entonces otras compañías asociadas
para diversificar los cargos. En 2000 VISA vetó al director de
la compañía, pero los gángsters siguieron utilizando
otras empresas a nombre de diferentes personas.
Subvenciones
estatales
Richard, de 45 años, y Daniel Martino, de 54 años, también
se han declarado culpables en febrero de estafar al gobierno nueve millones
de dólares USA. Los hermanos poseen, entre otras muchas cosas,
una pequeña compañía telefónica que atiende
a unos 8.000 clientes de Kansas City. A partir de 1998, se dedicaron a
falsear los gastos de la empresa para obtener subvenciones del gobierno.
Según el acuerdo judicial al que han llegado por esta causa, a
Richard le pueden caer hasta diez años de cárcel y a Daniel,
cinco. Tendrán que devolver, además, unos nueve millones
de dólares USA.
Moderno
Landrú y su timo del amor
Esther. Ponía anuncios en los periódicos para
conocer a mujeres solitarias, mayores de 40 años y con solvencia
económica. Después las enamoraba y les proponía asociarse
para comprar mercancía en Panamá. Antes de emprender el
viaje, iba al centro de San José (Costa Rica), con la excusa de
hacer una gestión, y les decía que se bajaran del coche,
mientras él buscaba aparcamiento.. Las mujeres dejaban el bolso
en el vehículo con el dinero que llevaban para las compras y el
enamorado desaparecía. La policía le detuvo en enero, se
trata de un hombre de 60 años contra el que ya hay siete denuncias
por hechos similares.
El robo
del coche vendido
Esther. Un joven de 24 años intentó hacer un
negocio redondo con un coche que se compró a plazos en Onda (Castellón,
España), pero le salió mal. El chico vendió el coche
en octubre de 2004, aunque el vehículo tenía una carga de
11.600 euros. No debía estar contento con los beneficios y, según
la Guardia Civil, robó su propio ex coche. Le detuvieron en enero
cuando estaba intentando vender de nuevo el vehículo. Le acusan
de robo y estafa.
La estafa
de los uniformes de trabajo
Esther. Beatriz Eugenia Vega, de 38 años, ponía
anuncios ofreciendo trabajo a chicas para empaquetar harina en una fábrica
de Bucaramanga (Colombia). A las candidatas les decía que el trabajo
era suyo, pero que tenían que comprarse el uniforme con su dinero,
que les sería reembolsado cuando se incorporaran a su puesto. Las
acompañaba a la tienda en la que tenían que comprar supuestamente
el traje y, cuando estaban en la puerta, Beatriz recibía supuestamente
una llamada en la que le decían que la chica debía empezar
a trabajar en ese momento. La víctima le daba el dinero para el
uniforme y se iba a la fábrica en la que no tenía ningún
trabajo. La policía detuvo a Beatriz, que en enero ya contaba con
un centenar de denuncias similares en su contra.
Falso médico
del ministerio del Interior al descubierto
Esther. Practicar un poco con la fotocopiadora o aprender algo
de diseño gráfico y falsificarse un título, es mucho
más fácil que pasarse un lustro en la universidad. Después
basta con inventarse un currículum y ya se puede empezar a buscar
trabajo.
José Luis S.P. era un trabajador de una empresa de catering y limpieza
de Madrid, hasta que en 1998 falsificó supuestamente el título
de licenciado en Medicina. El hombre llegó a trabajar como médico
en el ministerio del Interior, donde se ocupaba del área de asistencia
y prevención de riesgos laborales. En enero le han acusado de falsificación
de documento e intrusismo profesional.
La práctica de falsificar títulos académicos está
cada vez más extendida. En Tailandia, por ejemplo, se puede comprar
en la calle cualquier tipo de diploma de las universidades más
prestigiosas.
Al margen de los falsificadores que sólo quieren prosperar laboralmente,
también hay delincuentes comunes que se dedican a inventarse titulaciones
para conseguir que les contraten en una empresa y robar las bases de datos
de clientes (domicilios, cuentas bancarias, etc.). En Gran Bretaña
las autoridades ya recomiendan a las empresas que comprueben los datos
aportados por todos los demandantes de empleo.
Créditos
hipotecarios para insolventes
Esther. La policía ha detenido en Valencia a siete personas
acusadas de falsificación de documentos para obtener créditos
hipotecarios. La banda falsificaba tasaciones, hinchando el valor de las
propiedades, y nóminas. Al parecer, los compradores eran personas
sin recursos a las que pagaban unos 3.000 euros por su participación
en el negocio. Aunque el banco acabara embargando la casa y subastándola,
los delincuentes se quedaban con el dinero de la sobretasación
y, en algunos casos, con los alquileres de las viviendas.
El supuesto cabecilla del grupo ya había sido detenido en diciembre
de 2004 por hechos similares. Se cree que el fraude puede ascender a 2,5
millones de euros.
 
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