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/ revista
bimensual de crítica de crímenes / número 9- mayo 2005

Estafas,
timos y falsificaciones
Oro
parece, plátano es...
Esther.
Más de cinco millones de euros dice la Guardia Civil que estafaron
a numerosos telespectadores los propietarios de una productora de televisión,
un matrimonio y sus dos hijos, con concursos absurdos. Se trataba de contestar
a preguntas estúpidas, del tipo: "¿Cuál es la
capital de Francia?", llamando a un número de teléfono
de tarificación extra cara ( un euro por minuto) para conseguir
un premio. Durante la hora y media, o dos horas, que duraban los programas,
emitidos en varios canales locales de diferentes provincias, se recibían
llamadas de telespectadores que nunca daban en el clavo: "Albacete",
"Bogotá", "Melbourne",... Los espectadores
que conocían la difícil respuesta se emocionaban y se liaban
a llamar por teléfono. Les atendía un contestador automático
que dejaba la llamada en espera (para entrar supuestamente en antena)
durante media hora (el máximo permitido por la ley para este tipo
de números de teléfono) después se cortaba la llamada
y vuelta a empezar. Aunque era tan evidente que había gato encerrado
que hasta nuestro abogado particular se percató, y así se
lo comentó a un lector en julio de 2004 (Los
concursos de la tele), la Guardia Civil no detuvo a los responsables
hasta marzo, después de que la Organización de Consumidores
recibiera múltiples denuncias de afectados. Según la Benemérita,
la actividad fraudulenta se prolongó durante aproximadamente un
año.
Nueva
estafa indetectable con cajeros automáticos
Esther. Como
no tomen medidas los bancos, a las tarjetas de crédito tradicionales
les queda poco. Hasta ahora había que evitar utilizarlas en establecimientos,
que no fueran de total confianza y en los cajeros había que tapar
la mano cuando se tecleaba el número secreto, para evitar que posibles
microcámaras instaladas lo grabaran. Ahora ya, ni siquiera eso
es suficiente. La última estafa que han puesto en práctica
en España es tan sofisticada que el usuario no tiene escapatoria.
La policía detuvo en Manresa a dos hombres que habían desmontado
supuestamente un cajero automático para introducir unos chips,
que registran los datos de todas las tarjetas utilizadas y sus números
secretos.
La estafa se detectó por primera vez en Lleida. Una mujer descubrió
que habían utilizado su tarjeta en cajeros de Madrid y, a su vez,
un empleado, que revisó el lector de tarjetas porque no funcionaba
del todo bien, descubrió que el lector original había sido
sustituido. Al parecer, delincuentes del Este, reyes indiscutibles de
la materia, roban lectores de tarjetas y las partes internas de los teclados
de cajeros, haciendo pasar la desaparición por actos vandálicos.
A estas piezas les colocan unos chips que se encargan de almacenar los
datos de la tarjeta y el número secreto. Entonces, desmontan otro
cajero y sustituyen las piezas originales por las que tienen los chips
acoplados. Los cajeros siguen funcionando y, con posterioridad, vuelven
a desmontarlos y se llevan los chips que les permiten duplicar las tarjetas
y utilizarlas en cualquier cajero con el número secreto del primo
al que dejan sin blanca
"La Siembra"
Mucho más arcaico y tradicional es el procedimiento de "la
Siembra" que también está de moda en España
últimamente. Un delincuente se sitúa cerca del primo que
saca dinero de un cajero, lo suficientemente cerca como para ser capaz
de ver el número secreto que marca. Su compinche tira entonces
un billete al suelo y, en el momento en el que va a salir la tarjeta por
la ranura, le dice a la víctima que se le ha caído un billete.
Cuando el primo se agacha para recogerlo, se llevan su tarjeta y, a veces,
le dejan otra en su lugar. También suelen ser de la Europa del
Este. En marzo detuvieron en Madrid a dos moldavos y un rumano, especialistas
en la materia.
Certificados
oficiales para delinquir
Esther.
La policía ha detenido en abril a un grupo de ocho presuntos estafadores
de Granada, Madrid y Toledo. Los detenidos habían puesto en marcha
un sistema novedoso de estafa con la compra de coches e inmuebles. Según
la policía, los detenidos robaban carnets de identidad y falsificaban
autorizaciones para solicitar certificados de vida laboral y de la declaración
de la renta, que presentaban junto con la fotocopia del carnet de la víctima.
En estos documentos descubrían todo la información laboral
y las propiedades de la víctima. A continuación, falsificaban
supuestamente contratos de trabajo y nóminas, con información
real, y solicitaban créditos para la compra de coches, que posteriormente
revendían. A finales de 2004 empezaron también a solicitar
créditos para la compra de viviendas, a nombre de los titulares
de los carnets, que también revendían, según la policía.
Uno de los detenidos era el administrador de una agencia inmobiliaria
de Madrid que se encargaba supuestamente de contactar con los compradores,
la mayoría inmigrantes, y de manipular los documentos para la solicitud
de créditos hipotecarios.
Las investigaciones se iniciaron en octubre de 2004, cuando se detectó
que un hombre solicitó certificados de vida laboral de multitud
de trabajadores en las administraciones de la Seguridad Social de Madrid.
Se les acusa de estafa, falsificación de documentos y usurpación
de estado civil.
 
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