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/ revista
bimensual de crítica de crímenes / número 11- septiembre 2005

Candidato
al premio Moriarty
El
espía que me amó
Esther.
Un camarero no muy
agraciado, pero que es un portento sexual y consigue dinero de sus víctimas
(casi todas mujeres) convenciéndolas de que es un agente del MI5
(los servicios secretos británicos). Su historia sería hasta
graciosa si no fuera por la tortura psicológica desproporcionada
a la que sometió a algunas de sus víctimas, único
aspecto en el que se sustenta su candidatura al Moriarty.
Los investigadores han identificado a nueve víctimas del timador,
siete mujeres y dos hombres, aunque creen que puede haber más y
calculan que pudo estafar entre uno y dos millones de libras esterlinas.
Llegó a mantener relaciones sexuales con cinco de las estafadas
en un mismo periodo de tiempo y se comprometió en matrimonio con
la mayoría.
Robert Hendy- Freegard
empezaba comportándose con sus nuevas víctimas como la amabilidad
personificada. Era el hombre perfecto: regalos y viajes caros, halagos
por doquier; era elegante, atento, generoso y, además, el chico
"era muy bueno en la cama", según Elizabeth Bartholemew,
una de las estafadas. (Caroline Cowper le calificó con un 11, sobre
10, en este aspecto).
Una vez superada la fase inicial de la conquista, llegaba el momento de
las revelaciones. Primero, simples insinuaciones sobre su profesión:
que él no era sólo un camarero o un vendedor de coches,
que había algo más que no les podía contar de momento...
Hasta que, por fin, les decía que era un agente del MI5 embarcado
en una peligrosa misión contra el IRA o contra una mafia polaca.
La gran revelación explicaba el alto nivel de vida del camarero
(ropa de diseño, coches 007, hoteles de cinco estrellas,...) y,
además, le servía para manejar a los primos a su antojo.
Los timos de Hendy-
Freegard eran eternos. No se esfumaba tras tras hacerse con el dinero
de sus víctimas, las exprimía de por vida hasta que le entregaban
todo lo que tenían y lo que podían pedir prestado a su familia,
amigos o al banco. Sus primeras víctimas estuvieron sometidas a
una especie de timo continuado que duró una década, hasta
su detención. Durante este tiempo vivieron sumergidos en una historia
de James Bond más fantasiosa incluso que las propias películas
del agente británico. Finalmente, tuvo que ser una abogada, que
no se conformó con quedarse sin el dinero que le debía,
la que puso en aviso a la policía. Al fin y al cabo, a los espías
también se les puede embargar el sueldo.
Agente
secreto y camarero
Robert Hendy- Freegard nació en Blyth, Nottinghamshire (Gran Bretaña)
en 1971. Dejó el colegio a los 15 años y se puso a trabajar
de carpintero. En 1993 era camarero en un pub cercano a una universidad
de Newport, Shropshire (Gran Bretaña). Allí conoció
a los estudiantes John Atkinson, Sarah Smith y Maria Hendy. Les contó
sus batallitas de espías y finalmente les convenció para
que abandonaran la universidad y huyeran con él aduciendo que se
habían convertido en un objetivo del IRA. Deambularon por distintas
ciudades siempre bajo las órdenes del "espía"
que decía saber cuando se acercaba el peligro.
Las
víctimas
1. Sarah Smith
Se pasó diez años huyendo supuestamente del IRA, bajo las
órdenes de Hendy- Freegard. Durante este tiempo, el timador consiguió
sacarle unas 200.000 libras esterlinas: todo el dinero que tenía,
más él de sus padres. Sarah vivió en diferentes tugurios,
aterrorizada y sin dinero para comer, llegó a trabajar 16 horas
al día en una tienda de patatas fritas, pero le tenía que
dar el dinero al timador. En una ocasión estuvo durante tres semanas
encerrada en un cuarto de baño, por orden de Hendy- Freegard, para
despistar a los terroristas irlandeses.
Tras el juicio, dijo en el Sunday Mirror: "a la gente encarcelada
la tratan mucho mejor que a mí. Tienen comida con regularidad,
visitas de sus familias y televisor para ver. Yo no he tenido nada parecido.
Yo estaba en una prisión mental".
2.
John Atkinson
Le dijo que le había reclutado para luchar contra el Ejército
Republicano Irlandés, pero primero tenía que convertirse
en un tipo duro y para ello debía soportar las palizas que Hendy-
Freegard le daba en la bodega del pub.
A Atkinson le sacó más de 300.000 libras esterlinas.
3.
Maria Hendy
Se la llevó a vivir a un apartamento cutre de Sheffield, donde
tuvo dos hijas del timador. Vivía sumida en la pobreza, mientras
él iba a verla en deportivo, y a veces se ponía violento
con ella.
4.
Renata Kister
Dirigía una compañía polaca, se acababa de separar
de su pareja y estaba embarazada de siete meses. Por entonces, Hendy-
Freegard era vendedor en un concesionario. La convenció para que
vendiera su coche y se comprara otro mejor y no le entregó las
10.000 libras esterlinas por las que se vendió su viejo vehículo.
Además, la convenció de que pidiera un crédito de
15.000 libras para él. Cuando la mujer le reclamaba el dinero,
el timador contestaba que todavía no había cobrado la paga
de agente secreto.
También le pidió que alojara durante un tiempo a Sarah Smith
en su casa, alegando que era una testigo protegida que sólo hablaba
español. Por otro lado, por razones de seguridad (el IRA la seguía
de cerca) le prohibió a Sarah que hablara con la anfitriona. Las
chicas no se dirigieron la palabra en los tres meses de convivencia.
Al principio, Renata se negó a colaborar con la policía
creyendo que se trataba de una prueba de discreción del MI5.
5.
Leslie Gardner
Una funcionaria a la que conoció en una discoteca. Le sacó
más de 15.000 libras durante seis años por vicisitudes varias
del mundo del espionaje. Finalmente, le pidió dinero para dejar
los Servicios Secretos y empezar una nueva vida como taxista.
6.
Elizabeth Bartholemew
Tenía 22 años y llevaba seis meses casada cuando conoció
a Hendy- Freegard. Pidió dos créditos por un total de 14.500
libras para el timador.
Le dijo que necesitaba la autorización del MI5 para poder casarse
con ella, por lo que la mujer debería pasar una serie de pruebas
que se sucedieron durante ocho años. Bartholemew tuvo que dormir
varias noches en un aeropuerto y vivir durante semanas en un banco de
un parque (en invierno, con un paquete de pan de molde y una chocolatina
a la semana y vestida sólo con camiseta y vaqueros).
También la obligó a teñirse el pelo de rubio, a salir
a la calle sin maquillaje y sin compresa, a hacerse pasar por Testigo
de Jehová,...
Además, se tuvo que cambiar el apellido (por el IRA) y dar como
excusa que habían abusado de ella de pequeña. También,
le hizo fotos desnuda y la amenazó con enseñárselas
a su marido si le desobedecía.
De vez en cuando le decía que no había pasado alguna prueba
y que no volverían a mantener relaciones sexuales hasta que no
hiciera bien las cosas.
Cuando contactó con ella la policía pensó que era
otra prueba del MI5.
7. Caroline
Cowper
Abogada de éxito. Le conoció en el concesionario, donde
vendió su Mercedes y se compró un Golf. Posteriormente se
dio cuenta de que Hendy- Freegard se había quedado con 8.000 libras
de la venta de su coche viejo. Él le prometió que le devolvería
el dinero cuando le pagara el MI5 y, además, le pidió otras
1.500 libras prestadas. Le hizo regalos caros y se la llevó de
vacaciones, pero la dejó con las cuentas por pagar. Caroline le
denunció tras descubrir que se veía con otras mujeres.
8.
Kimberley Adams
Es una reputada psicóloga infantil norteamericana, madre de un
hijo. Hendy- Freegard dejó su trabajo cuando se enteró de
que a los padres de Kimberley les había tocado 20 millones de dólares
USA en la lotería. Le dijo que se iba a casar con ella y que se
irían a vivir 25 años a un faro para espiar a los submarinos
rusos del Mar del Norte. Pero, primero, la mujer debía dejar su
trabajo, alegando que tenía cáncer terminal, y convertirse
en espía gracias a sus enseñanzas.
Cuando la chica le comentó que no quería pasar dos décadas
en un faro mirando submarinos, él le contestó que debía
pagar 80.000 libras por los gastos ocasionados por el cambio de planes.
Entonces, Kimberley llamó por teléfono a su padre y le pidió
20.000 libras para pagar una escuela de espionaje. Al poco tiempo, le
pidió otras 10.000 libras porque había suspendido los exámenes.
Además, la psicóloga le tuvo que contar pormenorizadamente
todas sus relaciones sexuales anteriores porque la policía iba
a descubrir estos detalles, según él. Cuando la mujer le
contó que había besado a otro hombre después de haberle
conocido, Hendy- Freegard amenazó con matar a su hijo.
9.
Simon Young
Es un relojero al que convenció para que alojara durante un tiempo
en su casa a Sarah Smith. Le dijo que le iba a contratar para una organización
secreta gubernamental, pero que primero debía pasar unas pruebas
para demostrar sus habilidades. Le mandó a una tienda de Manchester
a comprar un abrelatas, con instrucciones detalladas sobre los medios
de transporte que debía tomar y el recorrido, advirtiéndole
de que le iban a estar vigilando en todo momento. También le ordenó
que debía coger un tren a Londres y leer una revista gay a la vista
de todo el mundo.
El relojero dijo que empezó a sospechar al ver que el espía
se partía de risa con la narración de sus aventuras y le
pidió tener una entrevista con sus jefes, a la que sólo
asistió el timador. Parece que a éste no consiguió
sacarle dinero.
La detención
En marzo de 2003 Caroline Cowper denunció a la policía que
Hendy- Freegard le debía dinero por varios asuntos fraudulentos.
Los agentes descubrieron entonces la historia de John Atkinson y Maria
Hendy. El timador desapareció al enterarse de la denuncia de Cowper
y la policía británica elaboró un plan conjunto con
el FBI para atraparle. Convencieron a la madre de Kimberley Adams, que
por entonces se encontraba en paradero desconocido junto con el delincuente,
para que viniera desde Estados Unidos a Londres. La madre le ofreció
a Hendy- Freegard 10.000 libras si le dejaba ver a su hija unos minutos
y quedaron en el aeropuerto de Heathrow, donde le detuvieron el 23 de
mayo de 2003.
Hendy- Freegard se negó a colaborar con los investigadores, que
consiguieron localizar a otras víctimas gracias a los documentos
que guardaba en una maleta que dejó en el hotel de Francia en el
que se alojó tras su huida. Algunas no tenían contacto con
sus familias desde hacía años por orden del timador, que
decía que los teléfonos estaban pinchados y que podían
poner en riesgo sus vidas.
Cadena perpetua
Tras nueve meses de juicio, a Hendy- Freegard le han condenado a cadena
perpetua por dos secuestros (Sarah Smith y John Atkinson), diez robos
y ocho estafas. Deberá pasar como mínimo ocho años
en la cárcel para tener la posibilidad de lograr la libertad condicional.
En realidad, Hendy- Freegard no secuestró a nadie por el método
tradicional de amenazar a la víctima con un arma y encerrarla en
un sitio del que no puede salir. Sus víctimas podían huir
libremente, pero el tribunal consideró que el lavado de cerebro
al que las sometió era el arma empleada por el condenado para impedir
la huida por lo que consideraron que había cometido un delito de
"secuestro por medios fraudulentos". Las víctimas no
podían huir porque temían morir si lo hacían, según
la fiscalía.
Jueces y policías
han dicho de él que representa un peligro continuo para la sociedad
y para las mujeres en particular, que es un hombre arrogante y cruel que
ha timado miles de libras a sus víctimas, años de vida y
dignidad y que es un timador demoníaco que ha explotado a sus víctimas
despiadadamente, entre otras cosas.
 
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