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/ revista trimestral de crítica de crímenes / número 19- abril 2007

Por qué
salió mal
Falsifica
un cheque de Dios
Esther.
El cheque estaba firmado por Dios, pero no se lo dejaron cobrar. Tal vez
le pareció que era buena idea porque todo el mundo ha oído
hablar de Dios pero nadie le ha visto ni a él ni su firma y porque,
además, debe ser millonario, ya que tiene inmuebles en todo el
planeta y a gente recaudando dinero en su nombre. Pero no coló.
En febrero, Kevin Russel, de 21 años, intentó cobrar un
cheque de 50.000 dólares USA en el Chase Bank de Hobart (Indiana,
EE.UU.) firmado por Dios y a nombre de "El Rey Salvador, Rey de Reyes,
Señor de Señores, Servidor". Los cajeros avisaron a
la policía, que le detuvo cuando seguía en el banco insistiendo
en que le dieran el efectivo.
Traficante
artesanal no confía en la tecnología
Juanma. Jonathan
Zaletel, de 19 años, es un joven emprendedor que intenta progresar
en el mercado de la metanfetamina. Pero sus tendencias artesanales le
llevan a desconfiar de la moderna tecnología de seguridad.
Jonathan estaba en marzo en su piso de Arizona (Estados Unidos), secando
metanfetamina en un horno-tostadora, cuando una chispa incendió
el armario de su cuarto. Intentó apagar el fuego con agua y limpiacristales,
pero, al no conseguirlo, decidió optar por el equipo profesional.
Así que salió a comprar un extintor en el Wal-Mart más
cercano.
No debió precipitarse tanto. Mientras él compraba el extintor,
el sistema de aspersores de seguridad del piso apagó el incendio.
De paso, dio la alarma a los bomberos. Todos estaban esperando cuando
Jonathan volvió a casa. La mandanga estaba a plena vista junto
al foco del desastre.
Según un sargento de la estupa local, los traficantes suelen secar
la metanfetamina para que no esté pastosa, se pulverice fácilmente
y se pueda esnifar. Pero hay métodos y métodos. La droga
contiene éter y otras sustancias volátiles e inflamables,
y no se recomienda el uso de tostadoras.
Drogadictos enganchados
a los móviles
Esther.
Manuel G.R. contactaba con drogadictos en un barrio marginal de Sevilla
(España) y les convencía para que contratasen una línea
de telefonía móvil de alto consumo, según la policía.
Por contratar este tipo de líneas les regalaban un teléfono
móvil de alta gama, que era vendido supuestamente por Manuel en
el mercado negro. El comprador tenía con el móvil llamadas
ilimitadas hasta que le cortaban la línea por falta de pago y a
partir de entonces ya sólo podía seguir usando el aparato.
La cosa podía haber pasado como unos drogadictos independientes
que deciden sacarse un dinero, pero todos los detenidos facilitaron el
mismo domicilio y el mismo teléfono de contacto y formalizaron
los contratos en los mismos establecimientos, con lo que se pudo establecer
la existencia de una trama organizada.
En enero, la policía detuvo en Sevilla (España) a trece
personas por estafar más de 30.000 euros a empresas de telefonía
móvil. Los detenidos son doce drogadictos y el supuesto cerebro
de la trama, Manuel G.R. , de 35 años.
Pillados
por los GPS
Andrea.
Para ser ladrones de éxito a veces es necesario estar al tanto
de las novedades de la tecnología, asignatura claramente pendiente
para los tres listillos que en enero robaron catorce dispositivos de posicionamiento
global (GPS) en el párking del ayuntamiento de Babylon (Estados
Unidos), creyendo que eran teléfonos móviles. Al percatarse
del robo, los funcionarios del ayuntamiento encendieron el sistema de
localizador de GPS, y éste indicó que uno de los aparatos
robados estaba encendido dentro de una casa. Allí se presentó
la policía que sorprendió a Kurt Husfeldt con uno de los
GPS en las manos, y ha sido arrestado acusado de posesión de artículos
robados; mientras que su hijo de 13 años y su amigo de 20 se enfrentan
a cargos por robo de gran cuantía.
Se
presenta en el juicio con una planta de Marihuana
Esther.
Le juzgaban por fumarse un porro en un centro comercial y se fue al juicio
con una planta de Marihuana de 50 centímetros de altura. Peter
Hill, de 39 años, residente en Nimbim, un pueblo precioso de New
South Wales (Australia), que está lleno de drogadictos y de comerciantes
de drogas agresivos que persiguen al turista por todo el pueblo: ¡Marihuana,
éxtasis, heroína!, ofrecen por todas partes.
Hill se declaró inocente, pero le pusieron una multa de 600 dólares
australianos (unas 60.000 pesetas) por el porro y le han vuelto a detener
por llevar la planta.
 
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