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/ revista trimestral de crítica de crímenes / número 19- abril 2007

Crítica
de crímenes
La
Matanza de Vancouver
Esther. Robert
William Pickton explicó a un policía secreta que había
matado a 49 mujeres y lamentó no haber podido matar a una más
para llegar al medio centenar. El policía fue compañero
de celda del que puede ser el mayor asesino en serie de Canadá.
Pickton está acusado de matar a 26 mujeres, prostitutas y drogadictas,
que desaparecieron a partir de 1995 de un barrio humilde del este de Vancouver,
plagado de camellos y drogadictos. Sesenta mujeres desaparecieron de la
zona desde finales de los años 70, circunstancia que no pasó
desapercibida entre la gente del barrio y que de vez en cuando se reflejaba
en los medios de comunicación. La policía ha recibido críticas
por no haber puesto más interés en investigar las desapariciones
de chicas, tal vez, por su condición social. Quizás si en
1997 le hubieran prestado más atención al testimonio de
la prostituta Wendy Lynn Eistetter, que denunció que el granjero
la había retenido esposada en su casa, se habrían salvado
muchas vidas. Por aquel incidente, acusaron a Pickton de detención
ilegal e intento de asesinato, pero el granjero alegó que había
actuado en legítima defensa, y retiraron los cargos.
El primer juicio en el que le acusan del asesinato de seis mujeres empezó
en enero en Westminster y está previsto que dure un año.
Pickton, de 57 años, se ha declarado inocente de la muerte de Sereena
Abotsway, Mona Wilson, Andrea Joesbury, Brenda Wolfe, Georgina Papin y
Marnie Frey, seis prostitutas drogadictas que desaparecieron entre 1997
y 2001. Dice que él es sólo un trabajador y que ninguna
de las mujeres desaparecidas había pasado por su granja.
La detención
Le detuvieron en febrero de 2002 por matar a dos mujeres. En la celda
grabaron sus conversaciones, con el agente que se hacía pasar por
delincuente, en vídeos que fueron reproducidos en el juicio. En
estos, Pickton explicaba que su objetivo final era matar a 75 mujeres,
dijo que pensaba tomarse un descanso cuando hubiera matado a 50 y que
después retomaría la actividad con 25 más. El canadiense
comentó, orgulloso, que había matado a más mujeres
que Gary Ridgway, El Asesino del Río Verde,
que con 48 víctimas se convirtió en el mayor asesino en
serie de Estados Unidos. Explicó que su problema era que al final
se había vuelto descuidado.
Pickton vivía en la granja de cerdos familiar, situada en Port
Coquitlam (a las afueras de Vancouver). Cuando le detuvieron, la policía
encontró en su nevera las cabezas y manos de dos mujeres. Las cabezas
estaban cortadas en dos, verticalmente, y presentaban heridas de bala.
En la granja también encontraron inhaladores de asma de Sereena
Abotsway y dos jeringuillas con el ADN de la chica y él de Pickton.
Apareció, además, una pistola con un juguete sexual en el
cañón que presentaba restos del ADN de Pickton y de Mona
Wilson y los tenis y un rosario de ésta.
Por su parte, la defensa alega que el hecho de que se encontraran restos
de los cadáveres de las seis mujeres en la granja no implica que
fuera el acusado quien las mató. Además, Pickton explicó
que a veces compraba coches averiados en subastas de la policía
de Vancouver y que en algunos aparecían prendas de ropa femenina.
La policía sigue investigando la posible implicación del
hermano del acusado, Dave, en los crímenes. Dicen que Robert hacía
siempre lo que le decía su hermano que tiene una discoteca after
hours, "Piggy`s Palace".
Película
de terror
Los policías se ponían malos cuando empezaron a registrar
la granja, con los hallazgos orgánicos, y tuvieron que ponerse
mascarillas. Al parecer, Pickton mataba de igual manera a mujeres y cerdos,
les daba un tiro en la cabeza y los descuartizaba. Se cree que los cerdos
comieron restos de las mujeres asesinadas.
El juez avisó a los candidatos a jurado que iban a enfrentarse
a una especie de película de terror en la que no tendrían
la opción de apagar el televisor. Algunos periodistas han acudido
a psicólogos para poder seguir asistiendo a las sesiones del juicio.
Y en la sala de vistas han quedado sitios vacíos después
de la primera jornada gore, en la que muchos familiares decidieron no
volver.
En el juicio reprodujeron una cinta de cassette que los investigadores
encontraron en la granja. La grabó el acusado en 1991 para una
mujer. En ella, Pickton se define a sí mismo como un sencillo granjero.
Cuenta que trabajó cortando carne, conduciendo un camión
de basura, como soldador,... y que le habría gustado trabajar en
un aserradero, pero que nunca le contrataron. Habla de las "cosas
estúpidas" que hizo de niño, como chocar el coche de
su padre, cuando tenía 3 o 4 años, y describe un viaje que
realizó a Estados Unidos en 1974. Explica que era increíble
la cantidad de norteamericanos a los que conoció que querían
irse con él a Canadá y que le ofrecieron un trabajo de modelo,
que rechazó. (En 1974 Pickton fue a Michigan a visitar a una chica
a la que conoció por carta y con la que estaba comprometido, según
él. La historia no prosperó porque los padres de ella no
le dejaban irse a Canadá y él no podía dejar la granja,
según contó).
En la cinta, explica también lo duro que es el trabajo en la granja
y que está pensando en venderla. Dice que le gustaría encontrar
a alguien con quien establecerse y construir una casa, y que su casa ideal
tiene techos de 3 metros de altura, una escalera de caracol, piscina y
cancha de tenis.
Pickton se ha convertido,
supuestamente, en el mayor asesino en serie de Canadá y en el mayor
asesino múltiple, superando a Marc Lepine, el asesino de masas
que mató a catorce mujeres en 1989. Lepine disparó contra
las estudiantes de ingeniería de la Universidad de Montreal "para
luchar contra las feministas" y después se suicidó.
Asesino canadiense mata a medio centenar
de putas (Adegüello, marzo 2006)
El culebrón de los astronautas
Juanma.
La historia de amor, celos y fuerzas armadas que ha conmovido al mundo
demuestra que la exhaustiva preparación a que son sometidos los
astronautas de la NASA no les priva de meter la pata como cualquier humano
en cuestiones de amores, incluso cuando no existe una verdadera relación.
La historia tiene como protagonista a una astronauta americana, la capitana
Lisa Nowak, de 43 años, doctora en ingeniería astronáutica,
casada y madre de tres hijos, con tres medallas de la Academia de Marina,
1.500 horas de vuelo en reactores y una misión en el transbordador
espacial "Discovery". Una profesional probada mil veces en situaciones
de tensión y alta responsabilidad. De nada le sirvió cuando
atacaron los celos.
El objeto de su pasión: otro astronauta de la NASA, el comandante
William Oefelein, de 41 años, con el que nunca había volado
aunque sí se habían entrenado juntos. El trato dio lugar,
según la capitana Nowak, a algo que era "más que una
relación de trabajo, pero menos que una relación romántica".
Aun así, Nowak no pudo soportar la idea de que una presunta lagarta
pretendiera arrebatarle a "su" hombre.
La presunta rival: Colleen Shipman, de 30 años, capitana de las
fuerzas aéreas americanas, parece que tenía una relación
no demasiado seria con el apuesto comandante y consideraba a Nowak "una
amiga de su novio". Desde el punto de vista de Nowak, una niñata
que se creía que sabía volar, pero ni siquiera había
salido al espacio.
La enfurecida astronauta había descubierto e-mails personales intercambiados
entre su amado y la aviadora, y estaba decidida a darle a ésta
un escarmiento. Sabiendo que la capitana Shipman iba a volar a Orlando
(Florida), la capitana Nowak salió de su casa en Houston (Texas)
y recorrió en coche 1.600 kilómetros para salirle al encuentro
e intimidarla de manera que no volviera a acercarse al comandante Oefelein.
Iba perfectamente equipada: disfraz, peluca, pañales de astronauta
para no tener que detenerse y un armamento que incluía spray de
pimienta, mazo de acero, cuchillo campero y pistola de aire comprimido.
Llegó a tiempo. Dejó el coche en un hotel y cogió
un autobús al aeropuerto, llevando una bolsa negra con todo el
arsenal. La odiada rival está recogiendo su equipaje y se dirige
a su coche. Nowak intenta abrir la puerta del auto. Pide ayuda porque,
dice, no han ido a recogerla. Pero la aviadora se huele la tostada y se
niega a abrir. Hay lloros (falsos), forcejeo y la aviadora recibe una
descarga de spray en la cara.
Allí se acabó la intimidación. La no muy combativa
capitana Shipman tocó a retirada y pidió refuerzos. La policía
detuvo a la astronauta, que ahora está acusada de intento de asesinato,
intento de secuestro y otros delitos menores, por todo lo cual podría
caerle cadena perpetua, aunque no es muy probable.
Nowak ha obtenido libertad bajo fianza de 15.000 dólares, tiene
que llevar un GPS para estar localizada y evitar que se acerque a su víctima,
y ha reanudado sus tareas en la NASA. Asegura que sólo pretendía
hablar con la aviadora para disuadirle de seguir adelante con el astronauta.
Pero el juez de instrucción no quedó muy convencido por
los argumentos que pretendía utilizar, léase spray, pistola
y demás. De momento, tiene prohibido "incluso mandarle flores
para pedirle disculpas".
El público está encantado con el culebrón. Superwoman
es humana, y eso consuela mucho. Y ya se pueden imaginar el alza de popularidad
del deseado comandante Oefelein. Ése va a ligar más que
el protagonista de un anuncio de colonia.
Asesinan
a jóvenes para casarlas con cadáveres
Andrea.
Tres chinos han sido arrestados por el asesinato de dos mujeres para venderlas
como "novias fantasma" a familias que entierran a un hombre
soltero. Según esta macabra costumbre china, cuando un hombre soltero
muere, su familia debe buscarle el cadáver de una chica joven para
enterrarlo junto a él y que sea su esposa en el "más
allá"; incluso se suele celebrar una boda post-mortem. Pero
claro, entre el progreso y las vacunas, no son tantas las jóvenes
chinas que mueren de forma natural, y los tres detenidos se aprovecharon
de la "demanda" de chicas fallecidas para hacer algún
dinero.
En enero, Yang Donghai, un campesino de 35 años, confesó
haber comprado una mujer a su familia por 1.500 dólares USA y haberla
matado, arrojándola por un barranco, para después vender
su cadáver por unos 2.000 dólares. La víctima y su
familia pensaban que la venta era para un matrimonio arreglado. Después
de este primer intento, el hombre asesinó a una prostituta, suponemos
que para ahorrarse al intermediario, y también la vendió
como novia cadáver. Aparte de otros dos cómplices de Donghai,
la policía ha detenido también a un empresario de pompas
fúnebres que presentaba a la "novia" a la familia interesada.
El
PSOE y el PP de Fago se llevan a matar
Esther. El
cadáver del alcalde Fago, Miguel Grima, apareció el 13 de
enero en una cuneta de la carretera que une al municipio con él
de Majones. Lo habían asesinado el día anterior con un disparo
de escopeta. Fago es un pequeño pueblo de la provincia de Huesca
(España) de 37 habitantes, 37 sospechosos, el escenario ideal para
una historia de la Señorita Marple. Los investigadores creían
que el asesino (o los asesinos) era alguien del pueblo. Al parecer, el
alcalde estaba enemistado con unos cuantos vecinos, especialmente con
un ex amigo y candidato de la oposición. Finalmente, la intriga
duró poco, básicamente, el tiempo que se tarda en tomar
unas muestras orgánicas y cotejar el ADN.
Tres semanas después, el 22 de febrero, la Guardia Civil detuvo
a Santiago Mainar por el asesinato del alcalde. Mainar se instaló
en Fago en 1987. Allí se convirtió en guarda forestal, ganadero
y propietario de una casa rural. Convenció a su amigo Miguel Grima
para que se trasladara al pueblo, y le buscó una casa. Con el tiempo,
se enfadaron y se dedicaron a dirimir sus diferencias en los tribunales,
lugar que suele tener mala solución para los problemas personales.
Mainar era, además, el candidato a la alcaldía de la oposición.
Miguel Grima, alcalde del PP (Partido Popular) y Santiago Mainar, cabeza
de lista del PSOE (Partido Socialista Obrero Español). A tal punto
llegó su odio, que Mainar se dedicó a expresar, sin tapujos,
su alegría por la muerte del alcalde ante los medios de comunicación.
Una actitud que le ponía en el punto de mira como principal sospechoso,
aunque con la duda de que un asesino pudiera ser tan tonto como para expresar
su alegría abiertamente.
Mainar describía al alcalde como una especie de flipado que tomaba
decisiones caprichosas y establecía prohibiciones absurdas, pero
la cosa no debía ser para tanto cuando el pueblo le votaba. Un
periodista del diario El Mundo, que se alojó en la casa rural que
regentaba el presunto asesino días después del crimen, refleja
unos comentarios de Mainar similares a los de Tom
Stephens, solo que la policía británica no cree que
él fuera el asesino de las cinco prostitutas de Ipswich y la española
dice que Mainar sí es el asesino del alcalde de Fago. El detenido
le relató al periodista su temor a que alguien hubiera entrado
en su cobertizo para llevarse una prenda de ropa o uno de sus destornilladores
y dejarlo en el lugar del crimen, con rastros de su ADN. También
contó despreocupadamente que los investigadores se habían
llevado una linterna de minero que tenía, que se supone es similar
a la que probablemente empleó el asesino, según la declaración
de un médico vasco que pasó por la carretera poco antes
de que se produjera el crimen, que dijo que había alguien con una
linterna en la cabeza, a quien no pudo verle la cara por la luz.
Restos
biológicos
Los investigadores dicen que hallaron restos biológicos de Mainar
en el coche del fallecido y su sangre en el lugar del crimen.
Le detuvieron el 2 de febrero y confesó ser el autor del crimen
pero, posteriormente, se retractó. Según la Guardia Civil,
el acusado dijo inicialmente que recogió en el campo una escopeta
de caza abandonada, que ya había visto con anterioridad, y que
entonces sintió un "impulso raro", al acordarse de que
había oído decir a Grima que ese día iba a tener
una reunión. Después, puso unas piedras en la carretera
para que no pudiera pasar el coche del alcalde y le disparó a unos
cinco metros. A continuación, se deshizo el cadáver por
una pendiente, condujo su coche hasta una pista forestal, tiró
la escopeta y regresó andando al pueblo por el monte, según
su confesión inicial.
En marzo, la jueza del Juzgado de Instrucción Nº 2 de Jaca
(Huesca) ha imputado a Santiago Mainar como único autor de la muerte
del alcalde. Según la acusación, el imputado esperó
en la carretera a que regresara el alcalde y le disparó con una
escopeta de caza. Al parecer, la Guardia Civil encontró restos
de pólvora en las manos del acusado.
La defensa, por su parte, alega que los restos de pólvora en las
manos de Mainar no tienen porque ser del disparo que mató al alcalde;
al fin y al cabo, es bastante común el uso de escopetas entre la
gente que vive en el campo.
Cocina
al marido para evitar el olor a muerto
Esther. Tal
vez aprendió de su marido que no se puede dejar un cadáver
en cualquier sitio, porque huele, y puso en practica un original sistema
para deshacerse de lo que quedaba del mismo. Original y muy laborioso,
porque consistía en cortar al marido, José Raimundo Soares
dos Santos, teniente de la policía militar, en 94 trozos, y cocinarlos.
Los pedazos de José Raimundo, cocidos y fritos, los escondió
en bolsas de plástico debajo de una escalera, donde los encontró
la policía. Habían recibido una llamada anónima que
les alertaba sobre el crimen.
Rosanita Nery dos Santos, de 52 años, reconoció que había
cocinado al marido, pero dijo que los asesinos eran unos encapuchados
que habían entrado en la vivienda y que la obligaron a cocinarlo,
para evitar el olor del cadáver en descomposición.
En marzo la condenaron a 19 años de cárcel por el asesinato
perpetrado en junio de 2005 en Salvador de Bahía (Brasil). Dicen
que drogó al marido para que se quedara dormido, que lo apuñaló
y después troceó el cadáver con un hacha.
Al principio, se creyó que el crimen podía estar relacionado
con un ritual de magia negra, pero posteriormente cobró más
fuerza la hipótesis del seguro de vida del muerto de más
de 25.000 euros. Tenían cinco hijos y llevaban 28 años casados.
Policías
guatemaltecos matan a diputados salvadoreños
Andrea. El
asesinato de cuatro policías detenidos en Guatemala por su presunta
participación en el asesinato de tres parlamentarios del vecino
Salvador ha complicado aún más un crimen que ha sido relacionado
con el tráfico de drogas y los abusos a los derechos humanos. Los
policías sospechosos estaban retenidos en una cárcel de
Cuilapa para su mejor protección frente a posibles "accidentes"
o fugas. Sin embargo, esto no impidió que unos hombres fuertemente
armados se introdujesen en la prisión "El Boquerón"
durante la hora de visitas y, aprovechando un casual apagón, asesinaran
a tiros a Luis Arturo Herrera, jefe de la unidad contra el crimen organizado,
y tres de sus colaboradores. Aunque los responsables de esta cárcel,
reservada casi completamente a miembros de las violentas bandas Mara,
"no están seguros" si los testigos fueron asesinados
durante un motín de los internos o antes, un miembro de la Mara
Salvatrucha dijo a los medios que ellos comenzaron el motín para
dejar en claro a la opinión pública que no tenían
nada que ver con el asesinato de los sospechosos.
Todo empezó a fines de febrero con el hallazgo de cuatro cadáveres
carbonizados a las afueras de Ciudad de Guatemala que correspondían
a tres parlamentarios salvadoreños y su chofer, quienes debían
de haber llegado el país vecino para participar en una sesión
del Parlamento Centroamericano. Los cuatro policías estaban acusados
de interceptar el vehículo, asesinar a los ocupantes y prender
fuego a los cadáveres, cuyos restos dejaron en una carretera que
lleva a Ciudad de Guatemala. Aunque al principio la policía informó
que los agentes habían confesado, esto fue desmentido posteriormente.
De todas formas, no queda mucha duda sobre su culpabilidad porque los
GPS de los vehículos policiales los sitúan junto al lugar
donde se encontraron los restos del coche.
Entre las distintas hipótesis surgidas acerca de la motivación
del crimen está el narcotráfico (el 75 por ciento de la
droga que llega a Estados Unidos pasa por Guatemala) y una posible venganza
relacionada con los abusos a los derechos humanos cometidos durante la
guerra civil ocurrida entre 1980 y 1992 en El Salvador. Esta posibilidad
tiene cierta credibilidad porque una de las víctimas era Eduardo
D'Aubuisson, hijo del líder de derechas y supuesto fundador de
los escuadrones de la muerte Roberto D'Aubuisson, a quien se considera
responsable del secuestro, tortura y asesinato de miles de civiles; y
ya se sabe que este tipo de actividades no suele crear precisamente buenas
amistades.
Según otra de las hipótesis, los parlamentarios compaginaban
la actividad legislativa con otras menos edificantes como el lavado de
dinero para el narcotráfico, cosa no poco frecuente en un gobierno
afectado por altos niveles de corrupción, por lo que en algún
compartimiento del coche en que se desplazaban podrían llevar una
gran cantidad de dinero sin "lavar" que habría desaparecido.
Pero según cree el jefe de policía de El Salvador, Rodrigo
Ávila, los asesinatos se debieron a un "error" y los
policías contratados para perpetrar el crimen pensaban que sus
víctimas eran narcotraficantes y no parlamentarios.
Al menos, tanto políticos como autoridades de ambos lados de la
frontera sí coinciden en decir que los asesinatos han sido obra
del crimen organizado y que el posterior asesinato de los sospechosos
fue una maniobra para impedir que se supiera quien había ordenado
los crímenes.
Médica
argentina asesina y descuartiza a una amiga
Esther. La
policía argentina detuvo en marzo a la médica María
del Valle Dip, de 53 años, acusada del asesinato y descuartizamiento
de su amiga Liliana del Valle Cruz, de 52, en Tucumán. Al parecer,
en enero, Liliana le dejó las llaves de su casa a la médica
para que se la cuidara mientras estaba de vacaciones. A su regreso, la
mujer descubrió que le faltaban 8.000 dólares USA en metálico
y que con su tarjeta de crédito se habían realizado compras
por valor de 3.000, mientras estaba de vacaciones. Se cree que María
del Valle le intentó echar la culpa a un trabajador que posteriormente
había realizado una reforma en casa de Liliana, pero las fechas
no coincidían.
Según la policía, la acusada citó a Liliana en su
farmacia el 6 de febrero para hablar sobre el dinero y allí la
dopó con bromuro de pancuronio, una sustancia que inmoviliza los
músculos, y después la degolló y descuartizó.
A continuación, se cree que la médica dejó abandonado
el coche de la fallecida en el aparcamiento de la estación de autobuses.
Cuando los investigadores la interrogaron por la desaparición de
su amiga, les explicó que la fallecida había ido a su farmacia
para ponerse una inyección, que se estaba medicando porque padecía
una depresión y habló de la posibilidad de que se hubiera
ido a Buenos Aires para ver a un familiar, según los investigadores.
La policía dice que encontró los restos de Liliana repartidos
en ocho cajas de cartón en la farmacia. Allí dicen que también
había un cuchillo, un serrucho y bisturíes con manchas de
sangre. Habían recibido una llamada de los hijos de la acusada,
Exequiel y Gerardo Naigeboren, que denunciaron que en la farmacia se había
cometido un asalto y que, de momento, también están imputados.
Asesino
peruano quería tirar granadas a una discoteca
Esther. Pedro
Pablo Nakada Ludeña se convierte en el mayor asesino en serie de
Perú con los 25 crímenes que le atribuye la policía.
De momento, le imputan 19 asesinatos, y en enero lo han encerrado en la
cárcel de Carquín (Huacho) a la espera de juicio. Dicen
que antes de su llegada a Huaral, hace ocho años, ya había
matado a una persona en Lima y a otra en Chancay. Él reconoció
los crímenes y dijo que no se arrepentía. Alega que mata
para que la gente y el mundo cambie, para ayudar a la humanidad, acabando
con la gente mala: homosexuales, borrachos, prostitutas, drogadictos,
rateros, según él.
Los psiquiatras con los que se ha entrevistado consideran que tiene un
nivel de inteligencia normal, pero que es una persona sádica, cruel
y destructiva. Le detuvieron el 28 de diciembre de 2006 en Huaral justo
a tiempo de evitar una masacre, porque el acusado confesó que la
noche de fin de año pensaba tirar una granada a la discoteca "La
Parranda", donde, según él, van corruptos.
Expulsado
del ejército
El presunto asesino tiene 33 años, 1,70 metros de estatura, y fue
expulsado del ejército en 1990 por chiflado. Sólo duró
dos meses, los psiquiatras militares recomendaron su expulsión
por ser un peligro social, por escuchar mandatos divinos y tener tendencias
psicópatas. Nakada dijo que se había alistado porque quería
ostentar alguna autoridad para "exterminar a los enemigos de Dios",
según contó un amigo del detenido al diario La República.
Los que le conocen le definen como un hombre callado y solitario.
Explicó a la policía que sus padres se peleaban y que su
hermana mayor le violó cuando tenía seis años. El
presunto asesino en serie se llamaba realmente Pedro Pablo Mesías
Ludeña, pero cambió el apellido de su padre en 2003 después
de que le adoptara un japonés, al que le pagó por el trámite.
Por entonces, el asesino planeaba irse a trabajar a Japón, donde
residen algunos de sus hermanos.
El "Apóstol de la Muerte"
quiere acabar con la escoria de Perú (Adegüello, enero
2007).
 
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