|
www.adeguello.net
/ revista trimestral de crítica de crímenes / número 20- julio 2007

Criminal
del mes
Los
asesinos del banquero suicida
Esther.
Porque durante mucho tiempo el crimen fue oficialmente un suicidio; porque
en 25 años no han identificado a los asesinos y probablemente nunca
descubrirán su identidad; porque podían haber hecho desaparecer
el cadáver para siempre, pero prefirieron algo más artístico
y amenazador: un banquero italiano colgando de un puente de Londres; porque
es uno de los crímenes más fascinantes de la historia. Por
todo eso, los asesinos de Roberto Calvi, "el Banquero de Dios",
han conseguido el premio al Criminal del Mes.
Los principales sospechosos son, como es habitual, los que estaban interesados
en su desaparición. Pero Calvi tenía demasiados enemigos,
demasiado poderosos: La Cosa
Nostra, el Vaticano y una Logia Masónica, según todos
los entendidos. De momento, sólo se ha juzgado la hipótesis
de la mafia sin que se llegara a condenar a nadie. En junio, un juzgado
de Roma ha declarado inocentes a los cinco acusados del asesinato de Roberto
Calvi hace un cuarto de siglo. Su cadáver apareció ahorcado
del andamiaje inferior del puente Blackfriars de Londres (Inglaterra) en
1982. En principio, la policía británica concluyó que
se trataba de un suicidio, pero años después retomaron las
investigaciones ante la insistencia de sus familiares.
El Banco
Ambrosiano y sus causas
Roberto Calvi
nació en 1920 en Milán. En febrero de 1971 lo nombraron Director
General del Banco Ambrosiano; en noviembre, Consejero Delegado y en 1975,
Presidente. Con su gestión, el Ambrosiano se convirtió en
el mayor banco privado de Italia. En 1981 le condenaron a cuatro años
de cárcel por fraudes monetarios y le dejaron en libertad bajo fianza
mientras se resolvía la apelación.
Hasta entonces era un empresario de éxito, que se cree tenía
estrechas relaciones con el Vaticano, la Mafia Siciliana y la P2, una logia
masónica para algunos y para otros, un grupo de empresarios fascistas.
Calvi estaba en contacto
constante con el Arzobispo Paul Marcinkus, director del "Istituto per
le Opere di Religione" (IOR), el banco del Vaticano, entre 1971 y 1989.
Se cree que financiaron movimientos anticomunistas en Polonia y América
Latina con dinero que salió del Banco Ambrosiano y que, además,
Calvi cubría las pérdidas de Marcinkus en el IOR.
En 1987 ordenaron la detención de Marcinkus por fraudes y estafas
relacionadas con la quiebra del banco Ambrosiano, pero el Cardenal se acogió
a su inmunidad diplomática. Posteriormente, se trasladó a
Arizona (Estados Unidos), donde falleció en 2006, a los 84 años.
Para algunos, Marcinkus es también el principal sospechoso de la
muerte del Papa Juan Pablo I que, para algunos, fue un asesinato.
En cuanto a sus relaciones
con la Cosa Nostra, se sospecha que Calvi se dedicaba a blanquear el dinero
que obtenían con sus actividades mafiosas. Se cree que estaba relacionado
con Michele Sindona, un banquero de la Mafia Siciliana que murió
tras beber un café con cianuro en la cárcel. Al parecer, Sindona
relacionó a Calvi con los mafiosos y el P2 pocos años antes
de fallecer.
Además, se cree
que Calvi formaba parte del P2 fundado por Licio Gelli, una organización
que supuestamente pretendía establecer un régimen autoritario
en Italia y a la que se desviaron fondos del Ambrosiano. Estaba formada
por cerca de un millar de personas (políticos, empresarios, banqueros,
periodistas, jueces, militares,... y, al parecer, Silvio Berlusconi). Gelli
fue condenado por delitos económicos relacionados con el Banco Ambrosiano
y actualmente hay una investigación abierta contra él por
la muerte del banquero.
La desaparición del "Banquero de Dios"
Con tanto patrocinio
y desvío de fondos, en junio de 1982 las autoridades italianas descubrieron
un agujero de millones de euros en el Banco Ambrosiano y pusieron en marcha
una investigación más exhaustiva sobre las cuentas de la entidad.
Se cree que el 5 de junio de 1982 el banquero remitió una carta al
Papa Juan Pablo II en la que le ofrecía documentos importantes y
le aseguraba que no contaría lo que había hecho por el bien
de la Iglesia. Seis días después, el 11 de junio, Calvi desapareció
con un maletín lleno de documentos y un pasaporte falso. Y a la semana
siguiente, el 18 de junio, un periodista británico encontró
su cuerpo colgando del puente londinense. Era un escenario arriesgado y
teatral, que seguramente pretendía avisar a todos los traidores y
chantajistas en potencia del poder de los asesinos. El cuerpo de Calvi,
de 62 años, estaba sumergido en el agua hasta la cintura y tenía
los bolsillos llenos de piedras y dinero.
Durante años
su muerte fue catalogada como suicidio, hasta que en octubre de 2002 nuevas
pruebas forenses establecieron que había sido asesinado. Se comprobó
que en la ropa y los zapatos del banquero no había ningún
rastro de que hubiera trepado por el andamiaje, por lo que su cuerpo tuvo
que ser trasladado allí por alguien. Durante su estancia en Londres
el banquero se alojó en un apartamento del empresario Flavio Carboni
en el barrio de Chelsea. Se cree que acompañó voluntariamente
a sus asesinos, porque le hicieron creer que se lo llevaban en barco a Sudamérica,
que le estrangularon y trasladaron su cuerpo en barco hasta el puente, donde
lo dejaron colgado de un andamio.
Los acusados
En abril de 2005 acusaron formalmente de homicidio voluntario y premeditado
a Giuseppe (Pippo) Calò, un contable de la Cosa Nostra, al empresario
sardo Flavio Carboni y él romano Ernesto Diotallevi, al chófer
y guardaespaldas de Calvi, Silvano Vittor, y a la ex novia de Carboni, Manuela
Kleinszig. El fiscal retiró posteriormente los cargos contra Manuela
por falta de pruebas, pero solicitó cadena perpetua para los otros
cuatro acusados. Según la fiscalía, se encargaron de trasladar
a Calvi a Londres para dejarlo en manos de sus asesinos porque la Cosa Nostra
quería evitar que Calvi revelara datos sobre sus operaciones financieras.
La acusación sostenía que Calvi quería escapar a Suiza
y que los acusados le convencieron para que fuera a la capital británica.
Por su parte, Giuseppe (Pippo) Calò, que cumple cadena perpetua desde
los años ochenta por diversos delitos relacionados con la Mafia Siciliana,
explicó que si él hubiera ordenado la muerte de Calvi, el
crimen lo habría cometido su propia gente de la Mafia. Lo que parece
un argumento bastante razonable. Además, Calò señaló
que no tenía ningún interés en la muerte del banquero.
Según el abogado del mafioso, las declaraciones de los familiares
del fallecido indicaban que Calvi tenía miedo y conflictos con miembros
del Vaticano, a los que pretendía chantajear, pero no con la mafia.
 
|