|
www.adeguello.net
/ revista trimestral de crítica de crímenes / número 22- enero 2008

Por qué
salió mal
Ex
novia despechada delata a playboy asesino
Esther.
El ex playboy de la Riviera Francesa Jean Maurice Agnelet, de 69 años,
ha sido condenado en octubre a 20 años de cárcel por matar
a Agnès Le Roux en 1977 para quedarse con 3 millones de euros que
la joven millonaria tenía en un banco suizo. Agnes tenía
por entonces 29 años, había sido una adolescente rebelde
a la que enviaron a un internado por salir con un cincuentón. Su
madre, Renée Le Roux, era propietaria de un casino en Niza, el
Palais de la Mediterranée, y amiga de Aristóteles Onassis
y Rainiero de Mónaco. Cuando desapareció, estaba enfadada
con su madre, que se negaba a darle dinero de la herencia, y salía
con Agnelet un playboy de 39 años que había sido abogado
de la madre.
Al parecer, Jean Dominique Fratoni, propietario del casino rival, quería
comprar el Palais de la Mediterranée, pero Renée no quería
venderlo. Entonces, convenció a Agnelet para que, a su vez, convenciera
a Agnes para que votara en junio de 1977 a favor de la venta en una reunión
de la directiva del casino, a cambio de tres millones de euros que Fratoni
ingresó en una cuenta suiza a nombre de la fallecida y su novio.
Poco después, rompieron su relación y el 27 de octubre de
1977 Agnes desapareció con su coche, un Range Rover.
A pesar de que nunca se han encontrado rastros del cuerpo de la joven
ni del vehículo, la policía sospechó de Agnelet desde
el principio porque empezó negando que tuviera una relación
sentimental con la joven, a pesar de que habían vivido juntos.
También descubrieron que había transferido gran parte del
dinero de la cuenta suiza. Pero el abogado contaba con una coartada aportada
por su nueva amante, Francoise Lausseure, que dijo que habían estado
juntos en Suiza. Por qué salió mal: porque Agnelet a partir
de entonces estaba en manos de su amante. En 1999, tras separarse del
ex playboy, la mujer le confesó a Rennée que había
mentido. En 2000 fue acusado de asesinato por un juzgado de Aix- En- Provence.
No
vayas a comprar cocaína encocado
Juanma. En
Elche (Alicante), un hombre aparcó su coche en mitad de la calle
a las 6,30 de la tarde. Cuando la policía municipal, avisada por
los vecinos, le preguntó qué hacía allí, el
conductor replicó que "estaba esperando un envío de
cocaína".
La policía le pidió su documentación y la del coche,
y el hombre replicó que no tenía. Cuando uno de los agentes
intentó entrar en el coche para registrarlo, el hombre se abalanzó
sobre él y le golpeó. Tuvo que ser reducido y detenido.
Conclusión lógica: al pobre se le había acabado la
farlopa muy poco antes, y todavía estaba bajo los efectos de las
últimas rayas. De lo contrario, se hace difícil explicar
su franqueza.
Intentan
vender una falsificación al British Museum
Esther.
Esta familia de Bolton (Gran Bretaña) se dedicaba a falsificar
estatuas y pinturas que vendían por cientos de miles de euros y
funcionó, durante 17 años, hasta que en 2005 intentaron
colocar tres piedras grabadas asirias falsas en el British Museum. Los
expertos del museo dudaron de su autenticidad por las riendas de los caballos
y por los errores de una inscripción en escritura cuneiforme, y
avisaron a la policía.
El anticuario Shaun Greenhalgh, de 47 años, su madre, Olive, de
83, y su padre, George, de 84, hacían piedras grabadas asirias,
broches celtas, estatuas, y copias de pinturas de Henry Moran. Al parecer,
la familia se inspiraba en un catálogo de una subasta de finales
del siglo XIX.
En 2003 consiguieron vender una estatua egipcia falsa de la princesa Amarna,
una de las hijas de Nefertiti, al museo de Bolton por más de 600.000
euros. La policía sospecha que han conseguido más de dos
millones de euros con sus ventas.
De momento, el anticuario ha sido condenado a cinco años de cárcel
en noviembre.
Atracador
activa el teléfono de un rehén con su voz
Andrea. Keith
Sturgill, un hombre que asaltó un restaurante de comida rápida
de la cadena Wendy's en Ohio (EE.UU.), no estaba enterado de las novedades
en materia de telefonía y esa ignorancia le costó cara.
Sturgill entró al restaurante amenazando a los empleados y, a punta
de pistola, les ordenó que no contestaran el teléfono, mientras
esperaba que se abriera la caja de seguridad. Cuando se recibió
la primera llamada, Sturgill gritó que no contestaran y fue su
propia voz la que puso en marcha el teléfono activado por voz de
uno de los empleados. La persona que llamaba, un amigo del empleado que
trabajaba en el banco de enfrente, pudo escuchar sus gritos y llamó
a la policía. Cuando se vio rodeado, el atracador salió
a la calle apuntando a la cabeza de uno de los empleados. Finalmente,
tras negociar con la policía, lo dejó ir y se rindió
unas horas después. Sturgill estaba en libertad condicional por
robo y violación.
 
|