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/ revista trimestral de crítica de crímenes / número 24- julio 2008

Candidato
al premio Moriarty
Encierra
a su hija un cuarto de siglo en una mazmorra
Esther.
El 19 de abril de 2008 una joven de 19 años, Kerstin, ingresa inconsciente
en el hospital de Amstetten (Austria). Fue llevada allí por Josef
Fritzl, un hombre de 73 años que aseguraba ser su abuelo y afirmaba
que su hija Elisabeth, la madre de la enferma, vivía con una secta
y ya había dejado otros hijos en la puerta de su casa para que fueran
criados por él y su mujer, Rosemarie, de 68 años. Kerstin
tenía un aspecto espantoso y los médicos no se explicaban
qué le había podido producir una insuficiencia respiratoria,
hepática y renal. En un bolsillo llevaba una nota escrita por su
madre en la que decía que le había dado aspirinas y un medicamento
para la tos. "Por favor, por favor, ayúdala. Kerstin tiene pánico
a la gente extraña. Nunca ha estado en un hospital", ponía
en la nota cuya existencia desconocía el abuelo. Además, incluía
un mensaje para su hija: "Kerstin, por favor, sé fuerte hasta
que nos volvamos a ver". Los médicos le produjeron un coma inducido,
avisaron a la policía e hicieron un llamamiento en televisión
para que la madre se pusiera en contacto con ellos.
Elisabeth vio el llamamiento y convenció a su padre para que la llevara
al hospital. La policía los detuvo en las inmediaciones del centro
sanitario. Elisabeth tenía un aspecto demasiado extraño para
pasar desapercibida: delgadez extrema, la piel casi transparente, los labios
hacia dentro por la falta de dientes, el pelo canoso cortado de forma tosca
y arrugas demasiado profundas para una mujer de 42 años, según
The Guardian.
Elisabeth accedió a contar lo sucedido a los agentes a cambio de
que le aseguraran que no tendría que volver a ver a su padre nunca
más. Llevaba cerca de 24 años sin ver la luz, encerrada en
un zulo de 60 metros cuadrados donde se convirtió en la esclava sexual
de su padre, con el que tuvo siete hijos. La mayor, Kerstin, padecía
una enfermedad relacionada con su origen incestuoso.
El encierro
Todo empezó el 28 de agosto de 1984, cuando Josef pidió ayuda
a su hija Elisabeth, que por entonces tenía 18 años, para
llevar una puerta al sótano.
Elisabeth es la cuarta de los siete hijos de Josef Fritzl y Rosemarie. Josef
es un electricista que consiguió prosperar económicamente
alquilando apartamentos en el edificio de tres plantas en el que residía
en el número 40 de la calle Yppsstrasse de Amstteten. Había
sido condenado en diversas ocasiones por intento de violación y exhibicionismo.
En 1967 le condenaron a 18 meses de cárcel por violar a una mujer
en Linz, tras colarse por una ventana abierta del edificio donde trabajaba.
Según Elisabeth, su padre empezó a violarla cuando tenía
11 años. Con 16, se escapó dos veces de casa. Explicó
a los policías que la localizaron que su padre abusaba sexualmente
de ella, pero estos se limitaron a llevarla de vuelta a casa. Por entonces,
el padre empezó a hacer obras de ampliación del sótano
donde construyó un entramado de habitáculos. Las reformas
se acabaron dos años después, coincidiendo con la mayoría
de edad de Elisabeth. Si se volvía a escapar de casa, la policía
ya no la llevaría de vuelta, así que, se inventó un
macabro sistema para evitar que se marchara.
Elisabeth fue la única que pudo apreciar el resultado de las reformas
realizadas por su padre en el sótano. Había construido una
serie de habitaciones contiguas que conducían a una mazmorra en la
que permaneció encerrada desde el 28 de agosto de 1984 hasta abril
de 2008, dando a luz en solitario a siete hijos de su padre. Para explicar
su desaparición, Josef dijo que se había marchado con una
secta y la obligó a escribir una carta.
Las primeras semanas, Elisabeth permaneció en total oscuridad en
la mazmorra. Los dos primeros días, Josef la mantuvo esposada a un
poste metálico y después, durante nueve meses, la dejó
atada con una cuerda que sólo le permitía ir al retrete. El
padre la iba a visitar para llevarle comida y violarla.
En 1988 nació su primera hija, Kerstin, y un año después
el segundo, Stefan.
En 1993 nació la tercera hija, Lisa. Ante el aumento de la prole,
Josef incorporó dos nuevas estancias a la mazmorra (hasta entonces
su hija y sus nietos vivían en una sola habitación). De todas
formas, se dio cuenta de que no tendrían espacio suficiente cuando
crecieran los niños y cuando Lisa tenía nueve meses la dejó
en la puerta de su casa con una carta manuscrita de Elisabeth en la que
pedía a sus padres que cuidaran de ella. Al año siguiente,
en 1994, nació la cuarta hija, Monika, a la que Josef también
dejó en la puerta de la vivienda con una nota similar. En 1996 Elisabeth
dio a luz a gemelos. Uno de los niños murió tres días
después de nacer y el padre incineró su cuerpo. Meses después,
Josef también dejó al gemelo que sobrevive, Alexander, en
la puerta de su casa. Finalmente, en 2003 nació el séptimo
y último hijo de Elisabeth, Felix.
La vida en
la mazmorra
El zulo en el que vivían tenía 60 metros cuadrados y una
altura de 1,70 metros. Las paredes eran tan gruesas que desde el exterior
no se podía oír ningún ruido. Tras la ampliación,
los prisioneros contaban con dos habitaciones iluminadas por fluorescentes,
un área con cocina, lavadora, nevera, y otra con un váter,
un lavabo y una pequeña ducha. Tenían también televisión,
vídeo y radio. Al parecer, Josef hacía vida familiar con
su hija y sus nietos: cenaba con ellos, celebraba los cumpleaños,
veía la tele,... Según la hermana de su mujer, bajaba todos
los días al sótano sobre las 9 horas de la noche. Decía
que iba a dibujar planos de unas máquinas que vendía y,
a veces, pasaba noches enteras allí. Su familia y los inquilinos
tenían terminantemente prohibido ir al sótano y, desgraciadamente,
ninguno tuvo la curiosidad de las mujeres de Barba Azul.
Josef se encargaba de proveer de ropa y comida a sus prisioneros y los amenazaba
con una bomba de gas venenoso que pondría en funcionamiento si trataban
de atacarle para huir.
Durante estos años se ausentó en diversas ocasiones. En 1998
pasó tres semanas de vacaciones en Pattaya, Tailandia, uno de los
destinos favoritos de los pederastas occidentales.
Josef y Rosemarie adoptaron a uno de los hijos de Elisabeth que aparecieron
en la puerta y acogieron legalmente a los otros dos, lo que suponía
que recibían un dinero extra de los Servicios Sociales austríacos
que se creyeron la historia de la secta.
Tras la declaración de Elisabeth, los policías que acudieron
a inspeccionar el sótano no fueron capaces de localizar la mazmorra
y tuvieron que pedirle ayuda al padre. Para llegar al apartamento subterráneo
había que cruzar cinco habitaciones. La puerta de acceso era de hormigón,
de un metro de altura, y estaba oculta tras una estantería. Tenía
una cerradura electrónica que se abría con un código
secreto y un mando a distancia que Josef escondía en uno de los habitáculos
del sótano. Los policías sólo aguantaban una hora seguida
inspeccionando la mazmorra por la falta de oxígeno.
A mediados de mayo, Kerstin se despertó del coma y empezó
a recuperarse.
El torturador
Josef explicó que había encerrado a su hija para protegerla
del mundo exterior. En cuanto a las violaciones, le dijo a su abogado: "Sabía
que Elisabeth no quería que hiciera lo que le hice. Sabía
que le estaba haciendo daño. Era como una adicción... En realidad,
quería tener hijos con ella", según recoge la BBC.
La forma de actuar de Josef Fritzl difiere mucho del prototipo de padre
pederasta. Entre otras cosas, porque es difícil encontrar a una persona
tan mala, sea o no pederasta, como para tener a alguien encerrado sin ver
la luz cerca de un cuarto de siglo. Pero, al margen de esto, se diferencia
de los padres pederastas típicos porque éstos suelen violar
a todas sus hijas (o todos sus hijos) cuando alcanzan una edad determinada,
que es la edad por la que se sienten atraídos sexualmente, y dejan
de hacerlo cuando alcanzan otra edad determinada por la que ya no sienten
atracción. Es decir, el pederasta típico de adolescentes viola
a sus hijas/os desde que tienen 11-12 años hasta que cumplen 16-18
años y cuando todas sus hijas/os sobrepasan esta edad busca adolescentes
en otros sitios. Pero en el caso de Fritzl, al parecer, de los siete hijos
que tuvo con Rosemarie sólo violaba a Elisabeth y tampoco violó
a las hijas de Elisabeth, ya que dicen que los siete niños que nacieron
en el zulo eran de ésta. Además, se supone que a Elisabeth
la siguió violando, como mínimo, hasta 2003, fecha en la que
nació su último hijo, y por entonces ella ya tenía
37 años, una edad muy poco atractiva para un pedófilo.
Si fuera un pederasta típico, Fritzl habría violado a su hija
Elisabeth hasta que cumplió 18-20 años y a partir de ahí
se habría dedicado a violar a las hijas que tuvo con ésta.
Además, no se habría quedado con dos niños y una niña
en el sótano, habría llevado a los tres niños a vivir
con su mujer y se habría quedado con las tres niñas en la
mazmorra. Así que puede ser que sí, que lo de Elisabeth, como
él dijo, fuera una cruel "adicción".
Austria
y la infancia
Por otro lado, las autoridades austríacas están muy preocupadas
por la imagen que se está dando del país en la prensa mundial.
El caso Fritzl se suma a la historia de Natascha
Kampusch reaparecida en agosto de 2006, tras vivir ocho años
supuestamente secuestrada por otro electricista pederasta en Strasshof,
un pueblo a 25 kilómetros de Viena.
Se trata de un problema de los países civilizados. Lo de vivir en
casas unifamiliares potencia mucho la delincuencia. Si vivieran hacinados
en pisos y apartamentos, como la mayoría de los españoles,
no tendrían espacio para torturar a gente sin que se enteren los
vecinos ni jardín en el que enterrar cadáveres.
De todas formas, la policía y los servicios sociales austríacos
se equivocaron. Por una lado, la policía no le hizo caso a Elisabeth
cuando con 16 años explicó que se había escapado de
casa porque su padre, un hombre con antecedentes por violación y
exhibicionismo, abusaba sexualmente de ella. Y, por otro, los servicios
sociales se creyeron sin más la historia de que Elisabeth se dedicaba
a abandonar niños en la puerta de sus padres porque estaba en una
secta. Una historia poco creíble porque las sectas no suelen desprenderse
de los niños que suponen un aumento del número de fieles.
Otros secuestros
familiares
Para alivio de los austríacos, su país no es el único
en el que la gente secuestra a los parientes. El descubrimiento del caso
Fritzl sirvió para que un vecino de una italiana secuestrada por
unos familiares denunciara la situación. En junio la policía
liberó en Santa María Capua Vetere (cerca de Nápoles)
a una mujer que llevaba 18 años encerrada en una habitación,
rodeada de basura y excrementos. La madre y los hermanos de Maria Monaco,
de 47 años, la encerraron en el cuarto por tener un hijo sin estar
casada.
Por otro lado, la policía de Pedranópolis (Brasil) detuvo
en mayo a Ary Hernández Castijo, un agricultor de 50 años,
por tener encerrada en casa a su mujer, María Aparecida, de 38, durante
18 años. Al parecer, familiares de la esposa denunciaron el caso
tras conocer la historia del Monstruo de Amstetten.
Cronología
del encierro de Amstetten
1977.- Josef Fritzl empezó a abusar sexualmente de Elisabeth,
según la versión de la víctima. Entonces tenía
11 años.
28 de agosto de 1984.- Josef encierra a su hija en un zulo oculto
en el sótano.
1988.- Nace la primera hija de Elisabeth, Kerstin.
1989.- Nace su segundo hijo, Stefan.
1993.- Nace su tercera hija, Lisa. Cuando tiene nueve meses Josef
la deja en la puerta de su casa con una carta manuscrita de Elisabeth en
la que pide a sus padres que cuiden de ella.
1994.- Nace su cuarta hija, Monika, a la que Josef también
deja en la puerta de la vivienda con una nota similar.
1996.- Elisabeth da a luz a gemelos. Uno de los niños muere
tres días después de nacer y el padre incinera su cuerpo.
1997.- Josef también deja al gemelo que sobrevive, Alexander,
en la puerta de su casa.
2003.- Nace el séptimo hijo de Elisabeth, Felix.
2008:
19 de abril.- Josef lleva a Kerstin inconsciente al hospital.
20- 26 de abril.- Libera a Elisabeth y a sus hijos Stefan y Felix.
26 de abril.- La policía localiza a Josef y Elisabeth cerca
del hospital en el que Kerstin está ingresada.
27 de abril.- Detienen a Josef acusado de incesto y secuestro. Elisabeth
accede a contar lo sucedido a la policía si le aseguran que no tendrá
que volver a estar con su padre.
28 de abril.- La policía localiza el zulo con la ayuda de
Josef.
29 de abril.- Confirman que Josef es el padre de todos los hijos
de Elisabeth por las pruebas de ADN.
 
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